CONTRA CORRIENTE

"Pero las parteras temieron a Dios, y no hicieron como les mandó el rey de Egipto, sino que preservaron la vida a los niños. Y por haber las parteras temido a Dios, él prosperó sus familias". Ex 1: 17, 21

En ocasiones la vida del creyente demanda acciones contrarias a lo que otros esperan de nosotros, pero que sin embargo responden a un bien mayor, a una responsabilidad moral, ante Dios, ante nosotros y nosotras mismas y sobre todo ante los demás, por y para los demás. Como sociedad podemos llamar estas acciones “desobediencia civil”, pero también podemos llamarlas “desobediencia ética o moral” y extenderla a situaciones en el trabajo, en la familia, entre amigos, en la iglesia o en nuestros círculos más cercanos. Como las parteras del texto bíblico, necesitamos estar atentos a los patrones de injusticia y a la voz de Dios a través del Espíritu Santo que habla a nuestro corazón y nos inquieta. Debemos abrir nuestros ojos y soltar las gríngolas para poder admitir que muchas veces estos patrones se originan muy a nuestro lado y en circunstancias inesperadas: en la violencia doméstica, entre esposos, entre padres, madres e hijos; en el cuidado de ancianos y enfermos, en los desventajados económicamente oprimidos por los sistemas de salud; y entre otros, aquellos que son discriminados por las instituciones religiosas en nombre de Dios adueñándose de interpretaciones bíblicas que privilegian la condenación y no el amor y la justicia manifestada en Jesucristo. La medida de cada acción y cada paso que damos debe estar fundamentada en el amor que se encarna en actos concretos en favor del otro y la otra y que se da como respuesta al llamado a ser como Jesús.

Tomar decisiones controversiales en favor de un bien mayor en el Siglo XXI puede ser proteger la creación del abuso que promueve el deterioro del ambiente en beneficio del progreso económico de algunos; defender la igualdad por raza, género, posición social y preferencias sexuales que tanto daño nos hacen y levantar nuestra voz y nuestros hechos contra la violencia doméstica y el maltrato de niños y ancianos. Ser voz contra expresiones de fobias raciales o de género que muchas veces se originan en nuestros púlpitos nos ubica en contra de la norma y en favor del Reino si por Reino entendemos uno en donde prevalezca el amor y la justicia. Caminando por ese sendero podemos confiar que Dios prospera nuestros pasos y nuestras familias como lo hizo antes en la historia de Israel.

Así nos ayude Dios!

 

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