LO QUE HAY DETRAS DE LA CORTINA

Firstclass_01

         En un vuelo de San Juan
a Philadelphia me encontraba en la fila inmediatamente después de primera
clase, en el asiento del pasillo. Estaba leyendo con el libro inclinado
ligeramente hacia afuera cuando de pronto me llamó la atención la camarera que
servía bebida a los pasajeros de las primeras filas. Apurada como si fuera de
vida o muerte desató de sus amarras una cortina que divide primera clase de los
pasajeros en general. Inmediatamente se creo una línea de separación y
distinción entre los presentes que aun los que pasan al baño se apresuran a
cerrar la cortina–como instintivamente- tras de si.

         Medito sobre lo ocurrido
y me pregunto: ¿No llevamos con nosotros las mismas angustias existenciales
sobre la vida, la muerte y la trascendencia? ¿No cargamos la misma tristeza y
sufrimiento ante la soledad, la enfermedad y el desamor? Entre esas y otras
muchas preguntas llega a mi mente el Jesús de los evangelios, no el que hemos vestido
con el ropaje de nuestra conveniencia y nuestros prejuicios, y me pregunto que
pensaría El.  Mirar al corazón de los
seres humanos y no su exterior es el reto que siento cuando pienso en Jesús
para poder ir poco a poco derribando las cortinas que nos separan. Cortinas que
dibujan claramente el panorama de división social y de injusticia y demarcan el
territorio que se adquiere con la humillación del otro y la otra. Pero cortinas que muestran también cuan solos y solas podemos estar aun en medio de la multitud.

         Este es un buen momento
para releer la parábola del rico y Lázaro y preguntarnos si realmente Jesús
hablaba solo del cielo y del infierno y de poder comunicarnos con los muertos o
los muertos con los vivos, como muchas tradiciones nos han enseñado. Releer el texto mirando la cortina de tela gris
frente a mi me permite mirar al futuro en la esperanza de que hemos creído al
Dios que ha rasgado la cortina del templo que hacía distinción entre lo sagrado
y lo profano, para llevarnos a vivir en plenitud desde nuestra corporalidad en
el lugar y posición en que estamos sea cual sea. Me hace vivir en la esperanza
que he creído al Dios que se levanta contra la injusticia y le dice al poderoso:
“Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en vida, y Lázaro también males; pero
ahora éste es consolado…”. Pero también me pregunto si es suficiente
conformarnos con escoger el mejor lado de la cortina o si la intensión de Jesús
era provocarnos con la parábola para construir puentes entre los abismos de
separación e injusticia y derribar las cortinas que nos separan.

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