UN DIA DE ACCION DE GRACIAS CUANDO LO PEOR HA PASADO

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En la tradición judeo-cristiana la gratitud forma parte fundamental del culto a Dios pero más aun, forma parte de todos los aspectos de la vida del creyente. Para el hombre y la mujer de la biblia era importante ver la intervención de Dios en toda la vida del ser humano y destacar Sus obras salvíficas, liberadoras y Su provisión, por encima de las dificultades o de escases, al punto que el profeta Habacuc (3:17-19) nos dice:

“Aunque la higuera no florezca ni en las vides haya frutos, aunque falte el producto del olivo y los labrados no den mantenimiento, aunque las ovejas sean quitadas de la majada y no haya vacas en los corrales, con todo, yo me alegraré en el Señor, me gozaré en el Dios de mi salvación. El Señor, es mi fortaleza; él me da pies como de ciervas y me hace caminar por las alturas.”

         El gozo y la alabanza son manifestaciones de agradecimiento a Dios aun en medio de situaciones ante las cuales no tenemos explicación, y cuando la enfermedad, el sufrimiento y hasta la muerte nos acechan. La persona que puede mirar a la creación y levantar su mirada hacia lo que tiene por encima de aquello que no tiene y que puede dar gracias a Dios por ello tiene una mayor capacidad para aceptarse a sí mismo y a sí misma y enfrentar las circunstancias para encontrar propósito para su vida.

         Ser agradecidos en lo poco nos permitirá asumir nuestra realidad mirándola como provisión y no como privación. Ser agradecidos en lo mucho nos permitirá reconocer la abundancia para mirar aquel que necesita y poder compartir con el o con ella nuestro pan, ya sea material o espiritual.

         Si tomamos como cierto que la tradición judía veía la gratitud a Dios como algo intrínseco en el creyente, entonces podríamos decir que cuando dedicamos todo lo que hacemos al Señor, aquello que hacemos con gozo y con entusiasmo tanto como lo que nos cuesta, lo que nos produce alegría como lo que nos produce tristeza, entonces estamos santificando nuestras obras y reconociendo a Dios como centro de nuestras vidas. De esa manera, poniendo todas nuestras obras en manos del Señor con agradecimiento abrimos el camino para que Dios obre y transforme nuestras penas y nuestro sufrimiento en esperanza.

Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.” (Colosenses 3:17)

         Hacer todo como para el Señor es el secreto de un corazón agradecido y un corazón agradecido puede cambiar su propia vida y la de los que están a su lado. Un corazón agradecido suma y no resta, construye y no destruye, levanta el pan dando gracias y lo bendice para que Jesús lo multiplique hasta que sobre. Ser agradecidos y agradecidas es hacer todo como si fuera para el Señor, es hacer de la gratitud un estilo de vida que guie nuestros pasos, para que Dios añada a nuestra vida lo que nos falte.

         En este día algunos tendremos motivos claros para dar gracias y otros tal vez nos preguntemos: ¿porqué dar gracias? ¿Cómo mirar la vida con optimismo en medio de las situaciones que no podemos comprender, aun en medio de la escases, aun cuando parece que el techo se nos viene abajo? Sin embargo, el cristiano sabe que cuenta con un Dios que al hacerse humano tomó nuestra forma, asumió nuestra realidad y nuestra humanidad para poder identificarse con nosotros; para poder acercarse a nosotros.

         Hoy podemos dar gracias porque Dios se ha acercado a nosotros y conoce nuestro sufrimiento. Hoy podemos dar gracias porque la diferencia entre el creyente y el no creyente es que usted y yo sabemos que Dios está a nuestro lado en medio de nuestro sufrimiento, de nuestra escases y de nuestra enfermedad, aunque transitemos por la noche oscura de nuestra alma.

         Vivir agradecidos es mirar lo que tenemos, mucho o poco, y ser agradecidos por ello; poner lo que somos y lo que tenemos mucho o poco para el beneficio de los demás, y poder decir: “Señor hoy elevo a ti mi pan, aunque solo sea una hogaza, aunque mi higuera no de fruto, aunque no tenga trabajo, aunque escasee mi salud y mis bienes materiales. Elevo a ti mi pan, mucho o poco y te doy gracias y lo bendigo para que tu hagas el milagro en mi vida y lo multipliques. Hoy hago un compromiso de sumar y no restar, de despojarme de mi tristeza y del luto que nubla mis ojos y no me permite ver las otras dimensiones de la vida ante las cuales puedo encontrar esperanza para continuar. Señor hoy elevo a ti mi pan, mucho o poco para que lo multipliques”.

         Que esta oración nos ayude a contar las bondades de Dios cuando mirando atrás podamos decir: “lo peor a pasado”.

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