PEDERASTIA Y RELIGION: ¿Cual es nuestro rol?

El tema de la pederastia en el liderato religioso como realidad compleja exige se trate desde diversas disciplinas como la psicología y otras áreas de la conducta, pero es imperativo que la teología práctica pastoral haga un acercamiento al mismo y al impacto que esto tiene en la salud espiritual/integral del individuo y la sociedad, específicamente en las víctimas pero también el victimario.
 
La espiritualidad como la definía Carl Jung es: “esa parte compleja y multidimensional de la experiencia humana que ayuda al individuo a buscar significado y el propósito de la vida, a experimentar la esperanza, el amor y la paz interior, consuelo y el apoyo”. Esta dimensión del ser humano se ve impactada negativamente por estas experiencias de abuso y maltrato. Dicho impacto lo vemos y tratamos desde los espacios de cuidado pastoral y espiritual clínico y desde la consejería espiritual que brindan muchos pastores, pastoras y profesionales en estas disciplinas integrales. Cuando llegamos a atender una persona que se ha tratado de quitar la vida porque a sido abusada sexualmente y con lágrimas de desesperación y desconsuelo te dice “yo odio a Dios, yo no me merezco esto”, eso es mucho más de lo que un psicólogo o un médico puede trabajar; es una labor interdisciplinaria con un enorme peso para la figura pastoral.
 
Cuando las figuras religiosas que se supone ayuden al individuo en su búsqueda de significado, de consuelo y paz interior, les defraudan y violan sus derechos y libertades bajo el manto de lo sagrado, no solo se resquebraja su relación con Dios y con los demás sino que la relación consigo mismo y consigo misma se deteriora impactando significativamente su futuro y el de todos a su alrededor. Este es un mal que necesita la participación activa de aquellos que de alguna manera estamos ligados al cuidado espiritual desde las plataformas de fe de forma práctica y concreta, no desde la utopía, las ciencias o las teorías.
 
El líder religioso, pastor, pastora o sacerdote tiene la responsabilidad de enfrentar este reto y prepararse tanto académicamente como de forma práctica, pero sobre todo con la vestidura del amor y la compasión para ayudar a los que se nos acercan a restaurar esa dimensión ahora quebrada de la que habla Carl Jung, en la que se encuentra el propósito de la vida, la paz interior, el consuelo y la esperanza.
 
Como decimos en el Comunicado de prensa de la Mesa Nacional del Consejo Latinoamericano de Iglesias de Puerto Rico, es necesario que nos unamos “en un esfuerzo común para devolver a nuestros niños y niñas espacios seguros y a la familia puertorriqueña una imagen de Dios comprometido con los que sufren y aliado de la justicia”. 
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2 thoughts on “PEDERASTIA Y RELIGION: ¿Cual es nuestro rol?

  1. Seguimos en esta difícil jornada de denunciar. Seguimos en esta jornada de anunciar a lo que nos a llamado Dios, a hacer el trabajo responsable, permeado de esperanza, a ser esa puerta que se abre llena de amor. No es una utopía, es una realidad llena de verdad. La vida verdadera que se merecen los niños y las niñas. Basta ya, nuestro rol , además de denunciar y anunciar, es ser atrevidas/os, es ser aliados de Dios, comprometidas/os con las y los que sufren (de un lado y del otro) justamente.

  2. Esta es una problemática tremendamente importante y urgente; tanto, que ninguna institución religiosa se puede dar el lujo de pasar por alto o relegar. Debido a la naturaleza íntima de la sexualidad, de los tabús, de los juicios y prejuicios que la rodean, se tiende a invisibilizar mediante la negación y la represión de los conflictos. La falta de confianza en quien va a recibir información y lo que va a hacer con la misma (tal vez por una previa experiencia de haber sido víctima del abuso de poder de alguien en quien había confiado) y la aprehensión de “desnudar” su alma, hacen que la mayoría de las personas no encuentren con quién dilucidar sus preocupaciones al respecto. Lo cierto es que no todo el mundo está capacitado para trabajar con las personas afectadas por traumas relacionados con la sexualidad o que sencillamente buscan orientación para mejorar sus actitudes y conocimiento respecto a su propia sexualidad o la de los que la rodean. Estos profesionales no solo deben estar adiestrados para trabajar al nivel multidimensional que se requiere en esa área tan delicada del ser humano, sino que ellos mismos deben estar sanos en su propia intimidad, de modo que no proyecten -consciente o inconscientemente- sus propios conflictos en aquellas personas que procuran su ayuda. Los muchos casos donde los que estaban llamados a sanar y que resultan ser los que hieren, abonan al problema. La justificación de que los victimarios fueron víctimas en el pasado, abona a nuestro punto. Algunas víctimas que luego optan por una carrera que los acredita para trabajar con otras víctimas de abuso sexual -sin haber sido tratados para vencer los traumas que les ocasionó tal abuso- pueden manifestar una compulsión que los lleve a victimizar a aquellos o aquellas que buscan su ayuda. Por eso es tan importante que cada cual trabaje con sus conflictos y traumas, consiguiendo la adecuada ayuda profesional que se requiere, antes de dedicarse al rescate de los demás. Así se minimizarían los casos en los que habría que denunciar y mejoraría la salud mental de nuestro pueblo.

¡Gracias por su vista!

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