La iglesia es la  presencia activa del cuerpo de Cristo en esta tierra para replicar la obra de Jesús. Para esta tarea, la iglesia está obligada a tener sus brazos abiertos al arrepentimiento y al perdón incondicionalmente, como Jesús los hizo. Sin embargo, tiene que pronunciarse contra el pecado institucional (que se traduce en control y violencia contra el prójimo) como Jesús también lo hizo.

La confrontación de las estructuras de poder fueron uno de los puntales fundamentales del ministerio de Jesús. Las estructuras gubernamentales tanto como religiosas, fueron y siguen siendo, las que determinan los patrones de opresión en la sociedad. Hoy la iglesia no puede puede cerrar los brazos al amor, el perdón y la reconciliación; pero tampoco puede asumir un rol pasivo en los acontecimientos políticos y sociales del país, si decimos  ser el cuerpo de Cristo.

Habiendo dicho esto deseo hacer referencia a Tomás de Aquino y puntualizar en mis propias palabras que el ser humano puede ser moral por medio de la razón (para esto no necesita una aceptación o relación consiente e intensional con Dios). Así que los seres humanos podemos ser morales sin ser cristianos. Pero el distintivo visible del cristianismo son los frutos concretos del Espíritu, por lo tanto no se es cristiano si nuestros frutos son adversos a la obra de este. Lo que también se puede expresar haciendo referencia al apóstol Pablo cuando enumera los frutos del espíritu en el creyente: “amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio”(Gálatas 6:22-23).

Todo esto fundamentado en las palabras de Jesús, presisamente en respuesta a las autoridades religiosas y políticas de la época:

     “El hombre bueno de su buen tesoro saca cosas buenas; y el hombre malo de su mal tesoro saca cosas malas. Pero Yo les digo que de toda palabra vana que hablen los hombres, darán cuenta de ella en el día del juicio. Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado.”(Mateo 12:34-37 / Mateo 7:15-20)

A la luz de esto debemos evaluar la conducta de nuestros líderes, tanto políticos como religiosos. También, con esto en mente debemos mirar el acercamiento de las figuras públicas del país a la iglesia en momentos de crisis. Ciertamente la iglesia ha sido, es, y tiene que ser, lugar de encuentro para la transformación del ser humano en virtud de promover los cambios necesarios en la sociedad para conducirla hacia el anhelo de Dios; su Reino de paz y de justicia en medio nuestro.

Sin embargo las estrategias publicitarias y de relaciones públicas pueden confundir a la iglesia y desviarlos de su rol crítico en la sociedad. Algunas de estas estrategias lo son las visitas cortas y puntuales a los medios o lugares donde se puede tener acceso a un público específico, quienes son el objeto de interés para la campaña; para nuestros propósitos, la iglesia. Por lo tanto, es importante distinguir una visita de medios con propósitos publicitarios o de relaciones públicas, de un acercamiento personal a la fe.

Una visita intensional a una iglesia para compartir la experiencia de adoración y Palabra es indiscutiblemente un espacio para la transformación individual. La iglesia como “habitus reflexivo” nos permite exponernos a experiencias formativas. Sin embargo, una serie de visitas breves, custodiadas y planificadas con exposición mediática, ciertamente pierden los elementos necesarios para fomentar la experiencia transformadora: corazón dispuesto, vulnerabilidad, integridad, humildad y arrepentimiento.

La iglesia no puede perder su rol profético en la sociedad, mientras denuncia, anuncia. Denunciamos las estructuras opresivas, vengan de donde vengan, y anunciamos la capacidad del ser humano de transformarse. Anunciamos que esa transformación en su plenitud solo se da por la obra del Espíritu y que esa obra es mediada en la tierra por Su Iglesia, Cuerpo Místico de Cristo. Si esto es así, entonces el silencio de la iglesia es pecado porque representa el silencio de Dios.

Desde el escritorio de un pastora, profesora y comunicadora les dejo esta reflexión con profundo respeto, para identificar algunos criterios sanos que nos permitan tomar posturas responsables ante los acontecimientos que vive nuestro país.

Que el Señor nos de sabiduría y amor para unirnos en los momentos difíciles en busca de caminos que conduzcan a la paz y la transformación!

¡Gracias por su vista!

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