Esta puede ser una reflexión que incomode algunas personas. Pero a veces pienso que acomodamos los textos bíblicos a lo que a nosotros nos gusta, y a lo que nos resulta más cómodo.

Hay quienes interpretan, y extraen de los textos del Antiguo Testamento que fuimos creados para adorar a Dios, pero, que adorar es cantar. Y por eso muchas iglesias cantan 1 hora y media y predican 20 minutos. Mi intensión no es desvalorar ese tipo de adoración. Creo que cuando cantamos y cuando utilizamos la música para adorar a Dios, Dios nos provee una experiencia de intimidad con él.

«¿Con qué me presentaré ante Jehová, y adoraré al Dios Altísimo? ¿Me presentaré ante él con holocaustos, con becerros de un año? ¿Se agradará Jehová de millares de carneros, o de diez mil arroyos de aceite? ¿Daré mi primogénito por mi rebelión, el fruto de mis entrañas por el pecado de mi alma Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios. Miqueas 6:6-8

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Pero mi intensión es ir un poco más profundo. Me paree que limitar la adoración a la vida cúltica y al canto es reducir la adoración a algo que nos permite desarrollar una religiosidad individualista, porque para cantar no necesito entrar en relación con ningún otros ser humano. Entonces, ¿Cómo se vive una vida de verdadera adoración a Dios según la Palabra?

En tiempos del profeta Miqueas se le preguntó a Dios: ¿Con qué me presentaré ante Jehová, y adoraré al Dios Altísimo? (Miq 6:6)

Y es interesantísimo, que la respuesta que Dios da al pueblo a través del profeta, invalida todo lo que tiene que ver con el culto en el templo y los sacrificios por el perdón de pecados. La respuesta de Dios se circunscribe a que hagamos lo que es bueno delante de Dios. Y Dios resume toda la ley, todas las buenas obras, y toda la adoración a 3 cosas:

  1. hacer justicia
  2. amar misericordia
  3. humillarte ante tu Dios

Adorar a Dios es mucho más que cantar. Podemos cantar muy hermoso y no estamos adornando a Dios. Podemos tener el ministerio de adoración más grande que exista en toda nuestra denominación y en nada agrada a Dios, si no somos hombres y mujeres que

  • promovemos la justicia, la búsqueda de igualdad
  • amamos obrar con misericordia. Que la compasión hacia el otro y la otra nos nazca como una expresión de gratitud porque Dios ha sido misericordioso con nosotros primero. Amar la misericordia es detenernos a escudriñar el corazón antes de hacer juicios, y es darnos, vaciarnos completamente en favor de los demás.
  • nos humillemos ante Dios. Humillarse ante Dios significa reconocer que Dios está por encima de todo y que nuestras obras tienen que testificar que vivimos por gracia, siempre en un estado de contrición por nuestra naturaleza pecadora.

¿De qué manera adoras tú al Señor?

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