Pienso que Jesús estaba tan adelantado a su época. El decía:

Nadie arregla un vestido viejo con un remiendo de tela nueva, porque el remiendo nuevo encoge y rompe el vestido viejo, y el desgarrón se hace mayor. Ni tampoco se echa vino nuevo en cueros viejos, porque el vino nuevo hace que se revienten los cueros, y se pierden tanto el vino como los cueros. Por eso hay que echar el vino nuevo en cueros nuevos.” Mc. 2:21-22

Jesús no estaba hablando de la ropa, Jesús estaba hablando de la manera de pensar y de vivir. El mensaje de Jesús es vino nuevo a una sociedad y a una religiosidad que había envejecido y que preferían tratar de poner parchos; de remendar, lo viejo, lo roto, lo que ya no funcionaba. Jesús estaba hablando del proyecto del Reino. Jesús estaba hablando de nuestra conversión. Porque llega un momento donde lo remendado, deja de ser funcional.

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Jesús nos advierte cómo nos podemos anclar, anquilosar, petrificar, en los modelos antiguos, y perder la capacidad para degustar, para dar una oportunidad a lo nuevo. Cuidado, si te quedas en lo viejo y no le das oportunidad a lo nuevo, siempre vas a decir que lo viejo es mejor.

Este texto lo podemos de leer en 3 claves:

(1) Personal, la que tiene que ver con nuestra espiritualidad, nuestra conversión y nuestra relación íntima con Dios. En nuestro carácter personal el texto nos está llamando a aceptar cuando nuestros vestidos están deteriorados; y nos está llamando a acercarnos a Dios para cambiar, no para remendar. No para disimular, sino para hacer un alto, reconocer nuestro pecado, nuestro deterioro y pedirle a Dios que nos vista de ropas nuevas.  Conversión no es poner un remiendo a nuestra vida, es un cambio total de lo viejo a lo nuevo.

(2) nuestra vida en familia y sociedad, esta siempre va a estar en tensión entre las viejas y nuevas generaciones y los cambios que eso traiga. La familia también tiene que ser renovada por el poder del Espíritu nuevo de Jesús. Tiene también que haber conversión familiar, como cuerpo, como núcleo.

(3) religiosidad colectiva, la iglesia, se monta sobre paradigmas (modelos) que a la gente le da mucho trabajo revisar a la luz de lo nuevo. La iglesia históricamente se pone rígida, inflexible, que en lugar de evolucionar y ponerse en dialogo con la cultura para para impactar el mundo y la sociedad, se vuelve exclusivista. Jesús es el vino nuevo y el Espíritu Santo es el poder de ese vino nuevo que quiere impactar nuestra vida, nuestra familia, nuestra sociedad a través de la transformación que nazca de la iglesia.

Yo creo que estamos en una nueva reforma, para la sociedad y para la iglesia. El Espíritu de Jesús llega como un vino nuevo, y exige nuevos comportamientos y nuevas estructuras. Jesús nos está llamado a una transformación total. Para comenzar necesitamos dejar de ocultar lo que no está bien, dejar de poner parchos a las áreas de nuestra vida, de nuestra familia, de nuestra iglesia, que están deterioradas. Necesitamos quitar los parchos y dejar ver lo que no está bien, nuestro carácter, nuestro matrimonio, nuestra espiritualidad, nuestra salud física o mental; todo lo que no están funcionando, aunque nos duela. Aceptemos lo que no está bien, para que su vino nuevo, pueda caer en odres nuevos.

¿Te atreves?

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