Por ahí dicen que “nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde”. Lo que eso quiere decir es que en ocasiones no apreciamos o no vemos el valor de lo que tenemos, probablemente porque se nos hace fácil tenerlo. Podemos pensar en familia, amistades, o trabajo. Jesús nos abre lo ojos con un a hermosa parábola, para que aprendamos a apreciar el valor de su Palabra y de la propuesta del Reino que Dios tiene para nosotros.

“Con el reino de Dios pasa lo mismo que con un tesoro escondido en un terreno. Cuando alguien lo encuentra, lo vuelve a esconder; y después va muy alegre a vender todo lo que tiene para comprar el terreno y quedarse con el tesoro.” Mateo 13:44

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A veces dejamos ir personas, posesiones materiales, porque no reconocemos y apreciamos su verdadero valor. Así puede pasarnos con Dios. Puede ser que Dios se haya convertido para nosotros en algo común, algo corriente; en un tema de todos los días. Cuando las cosas parecen estar muy accesibles, a veces perdemos el interés en ellas. Y de eso nos tenemos que cuidar cuando hablamos de Dios, cuando hablamos del evangelio, cuando hablamos del Reino de Dios. El Reino de Dios es como un tesoro, como una joya fina. Quien lo encuentra, felizmente debe estar dispuesto a pagar el precio que sea por tener acceso a él.

Muchos mensajes importantes se pueden extraer de este texto, pero yo deseo enfocarme en la premura, en la pasión, en la alegría y en el desprendimiento que nace inmediatamente en la persona que ha encontrado el tesoro, o la perla fina. Aquel que la encuentra, no lo piensa dos veces, para vender todo, para dejar todo lo que tiene con tal de adquirirlo. Yo me pregunto si nosotros sentimos esa alegría, esa pasión  , esa capacidad de desprendimiento, como para entregar o abandonar lo que sea necesario, para poder disfrutar de los bienes del Reino de Dios.

El que encuentra el Reino de Dios encuentra un tesoro raro. No encuentra dinero. Pero a veces, para poseer los bienes del Reino, hay que sacrificar dinero, posesiones y bienes materiales. El que encuentra el Reino de Dios tampoco encuentra poder, por el contrario, a veces hay que abandonar el poder, para disfrutar del Reino de Dios. Em el Reino, el más importante es el que sirve. El que encuentra el Reino de Dios, no siempre encuentra un camino fácil, pero está lleno de entusiasmo por recorrerlo. El que de verdad ha encontrado el Reino de Dios sabe lo que tiene y no lo quiere perder. El que no está dispuesto a dejarlo todo por el Reino es porque aun no lo ha encontrado.

Tu actitud te dirá ante que Reino estás. Si encontraste el Reino de Dios estarás dispuesto a dejarlo todo. Sino estás dispuesto o dispuesta a dejarlo todo el Reino que has encontrado es de este mundo y tu recompensa también será de este mundo, insatisfacciones, decepciones, sufrimientos, bienes temporales. Los reinos de este mundo son como arena entre los dedos, de momento tienes las manos llenas y en un abrir y cerrar de ojos ya no tienes nada.

Pido a Dios que quite las vendas de nuestros ojos, para distinguir el tesoro que está frente a nosotros y que seamos capaces de dejar todo atrás para vivir la experiencia del Reino de Dios a través del encuentro con Jesús.

¡Que así nos ayude Dios!

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