Estamos viviendo una experiencia en la vida de la humanidad, pero sobre todo en la vida de la iglesia en la que la fuerza del Espíritu está irrumpiendo y no la podemos contener en odres viejos porque lo vamos a echar a perder todo. Hay que salir corriendo a transformar nuestros esquemas, dejarnos transformar, “ponernos pa’l problema”, para que el Espíritu haga como quiera y no lo echemos a perder todo.

“Les dijo también una parábola: Nadie corta un pedazo de un vestido nuevo y lo pone en un vestido viejo; pues si lo hace, no solamente rompe el nuevo, sino que el remiendo sacado de él no armoniza con el viejo. Y nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera, el vino nuevo romperá los odres y se derramará, y los odres se perderán. Mas el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar; y lo uno y lo otro se conservan. Y ninguno que beba del añejo, quiere luego el nuevo; porque dice: El añejo es mejor.” Lucas 5:36-39

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Jesús es quien trae los cambios y los nuevos aires a nuestra vida, a la vida de nuestras familias y a la vida de la iglesia. El Espíritu de Jesús llega como un vino nuevo, y exige nuevos comportamientos, nuevas reacciones y nuevas estructuras.Nos pide una re-evaluación de nuestra manera de pensar, de vivir, de todas las prácticas de vida a las que estamos acostumbrados. No confronta y nos dice: “las cosas no pueden seguir igual, ni para ti en tu carácter personal, ni en tu casa y tu familia, ni en el país, ni en el mundo, y mucho menos en la iglesia que es el cuerpo de Cristo, que se supone que de testimonio y obre como Cristo.

Si continuamos tomando nuestra responsabilidad como cristianos sin mayor esfuerzo: si puedo, cuando pueda; estamos poniendo remiendos a nuestra vida de fe, y tarde que temprano se va a ver nuestro deterioro, y afectará nuestra familia, nuestro trabajo y nuestra salud física, emocional, mental y también espiritual.

Jesús nos está llamado a una transformación total, auténtica. Para comenzar necesitamos dejar de ocultar lo que no está bien, necesitamos dejar de poner remiendos a las áreas de nuestra vida, de nuestra familia, de nuestra sociedad, de nuestro país, de nuestra iglesia, que está deterioradas. Necesitamos quitar los remiendos, los vendajes, y dejar ver lo que no está bien, ya sea en nuestro carácter, en nuestro matrimonio, nuestra espiritualidad, nuestra salud física o mental. Necesitamos aceptar en qué no estamos bien y renovarnos, para que el vino nuevo del Espíritu, pueda caer en odres nuevos.

¿Te atreves?

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