Por: Rvdo. Gerson Serrano
La palabra clave para hoy es el amor. El Apóstol Pablo, queriendo también enseñar a la comunidad de fe sobre la convivencia y resolución de conflictos, toma como punto de partida la ley. Aquella ley “la Torá” nació del corazón de Dios para su pueblo y tenía como objetivo el guiar a todo un pueblo hacia Dios y hacia el bienestar comunitario. Esa ley nunca pasó, ni fue abolida, en Jesucristo tomó pleno sentido y ese camino hacia Dios fue abierto. Según Pablo, la clave que enmarca la vida cristiana y que cumple también con aquellos requisitos que la ley plantea es el amor. Vivir al amor de Dios es la guía para la sana convivencia, es la clave para cumplir toda la ley. El amor es la mayor regla ética, pues como dice el Apóstol (v.10), “El amor no hace mal a otros, por eso el amor cumple con las exigencias de la ley de Dios”.

No deban nada a nadie, excepto el deber de amarse unos a otros. Si aman a su prójimo, cumplen con las exigencias de la ley de Dios.

14 Más bien, vístanse con la presencia del Señor Jesucristo. Y no se permitan pensar en formas de complacer los malos deseos.

Romanos 13:8-14

Puedes escuchar la reflexión presionando el enlace de YOUTUBE:
https://youtu.be/UWqJaRz4Kn4

El apóstol invita a la comunidad de fe a tener urgencia por vivir en la vida transformada y fructífera que nos regala Cristo. Lo hace al presentar las parejas antónimas; oscuridad/luz, noche/día, ebriedad/sobriedad. No se puede negar que a nuestro alrededor existe el mal, que vemos las tragedias de violencia doméstica, de violencia social, de irresponsabilidades, de corrupción, de desenfreno. La respuesta es ser una comunidad que ilumine con la luz de Cristo a un mundo que va convulso, que parece actuar (en la oscuridad de la noche) a escondidas cubriéndose, haciendo la maldad y caminando de largo. Se hace urgente que mientras estos males se ven, del otro lado la misión de amor, de construcción, de mensajeros de la buena noticia, de pacificadores, de ayudadores, sea visible en el mundo. Entonces el amor será el antónimo de todas las acciones que puedan dañar las relaciones y la vida humana. El amor corrige, repara, construye y restaura.

Es urgente que vivamos la misión de Cristo en nuestro tiempo. Esto implica que abramos nuestros ojos al prójimo. Implica movernos y dejarnos sentir como mensajeros de la luz de Cristo. Implica seguir siendo comunidad de sanidad, transformación y crecimiento. Es un llamado a que miremos con urgencia el ser una comunidad saludable, para ofrecer salud, una comunidad que perdona y se siente perdonada, para comunicar el perdón y amor de Cristo a otros y otras. Una comunidad que sabe enfrentar las dificultades y unirse en el trabajo compasivo por el mundo. Una comunidad que no se conforme con mirar y decir “yo estoy bien” y que se olvide de aquellas y aquellos que no lo están.

La invitación final es a que nos vistamos de la presencia de Jesucristo. Significa que vivamos a plenitud en su amor, y que compartamos a plenitud su amor a quienes nos rodean.

¡Así nos ayude Dios, Amén!

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