PALABRA DIARIA | QUE MUCHAS CARGAS NOS IMPONEN

¡Hay ocasiones en las que nos sentimos tan cargados! Parecería que llevamos un enorme peso sobre nuestras espaldas y lo triste es que a veces ese peso lo imponen otros. Pasa en las familias, pasa en los trabajos, pasa entre parejas y amigos, pasa hasta en la iglesia. Hay cargas que asumimos, pero hay otras que nos son impuestas. ¿Qué haremos para liberarnos de ellas?

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Pero Jesús dijo:
—¡Ay de ustedes también, maestros de la ley!, que cargan sobre los demás cargas que nadie puede soportar, y ustedes ni siquiera con un dedo quieren tocarlas.

Lucas 11:46

Lo primero que Jesús hace es identificar la fuente de nuestras cargas. ¿Cómo han llegado a nosotros? Identifica tus cargas, ponle nombre y procedencia. Entonces y solo entonces podrás comenzar el proceso para liberarte de ellas.

Claro que el asunto que Jesús menciona es bastante complicado. Porque las cargas que él veía en la gente se las estaban imponiendo los religiosos. Aquellos que se supone nos liberen de nuestras angustian y rompan nuestras ligaduras de opresión, esos son los que ataban al pueblo y los oprimían hasta asfixiarlos.

Es muy triste tener que reconocer que todavía sucede. Sucede cuando hay líderes religiosos que responsabilizan a los más vulnerables, cuando les golpean sobre sus heridas ya sangrantes.

Una mujer o un niño o niña maltratados, un anciano abandonado, un homosexual discriminado, un negro, negra, hispano, extranjero, pobre, enfermo que no reciben trato igual; llevan sobre sí cargas impuestas por la sociedad que en muchas ocasiones la misma iglesia excusa, justifica o valida. De eso se trata la expres ión de Jesús.

Los fariseos, desde su posición de privilegio hacían a otros lo que ellos mismos no serían capaces de soportar. A veces es frustrante ver como esas conductas todavía se justifican con expresiones como: “esa es la consecuencia de su pecado”, “eso son exageraciones, no se matan mujeres por ser mujer, es un asunto de violencia generalizada”, “ya las mujeres tienen muchos derechos, ya no es como antes”, “para qué salieron de su país poniendo en peligro a sus hijos”.

A estos que hablan así, Jesús les llama “necios”, “sepulcros que la gente pisa y ni cuenta se dan”. Porque el corazón de Jesús vibraba y sangraba herido por la injusticia. Es más, todavía el corazón de Jesús vibra y sangra herido por la injusticia.

¿A cuál Dios representamos?
Porque a veces parecería que al Dios de Jesús no es.

Si eres uno o una de esas que llevan cargas impuestas que no puedes soportar, a lo mejor nosotros no hemos hecho suficiente por ti, pero Dios sí quiere verte libre.

Pon tu vida en las manos del Señor;
confía en él, y él vendrá en tu ayuda.

Salmo 37:5
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