PALABRA DIARIA | A QUIÉN ESPERAS

¿Cuántas veces le han anunciado que le van a presentar a alguien y usted se muere de la curiosidad mientras espera?

Mientras esperamos construimos una imagen mental de esa persona conforme a lo que deseamos y a lo que nos hayan dicho sobre él o ella.

Muchas veces somos sorprendidos porque nuestras expectativas no se cumplen; o por el contrario, cuando no tenemos esperanza, de pronto sucede algo que cambia radicalmente nuestra vida; así pasa cuando Dios llega a nuestra vida.

“Saldrá una vara del tronco de Isaí, y un vástago retoñará de sus raíces.Y reposará sobre él el Espíritu de Jehová; espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová.Y le hará entender diligente en el temor de Jehová. No juzgará según la vista de sus ojos, ni argüirá por lo que oigan sus oídos;sino que juzgará con justicia a los pobres, y argüirá con equidad por los mansos de la tierra; y herirá la tierra con la vara de su boca, y con el espíritu de sus labios matará al impío.Y será la justicia cinto de sus lomos, y la fidelidad ceñidor de su cintura.Morará el lobo con el cordero, y el leopardo con el cabrito se acostará; el becerro y el león y la bestia doméstica andarán juntos, y un niño los pastoreará.

Isaías 11:1-6

Cuando esperamos la intervención de Dios en nuestras situaciones, que a veces son de enfermedad, de peligros, de pérdida y sufrimientos, también esperamos algo específico que creemos que es lo mejor para nuestra vida.

Pero Dios siempre nos va a sorprender si estamos alertas y abiertos a que lo que él quiera darnos es mejor de lo que nosotros esperamos.

¿A quién esperamos? ¿Cuál es nuestra expectativa de ese Dios que espero, de ese Dios con el que quiero establecer una relación? ¿Cómo me complacería que fuera?

¿Alguna vez usted ha cortado un árbol y cuando cree que ya esta seco, de pronto ve brotar una ramita verde brillante? Pues a eso se refiere el profeta. Cuando ya no hay esperanza, el árbol está seco y la esperanza está perdida, de ahí, de ese tronco seco brotará un renuevo.

Dios lo hizo para el pueblo de Israel y Dios lo hará para usted.

Cuando parezca que no hay vida, que no hay recursos, que no hay salida, Dios hará brotar un renuevo.

Este inicio de la profecía pone de manifiesto, no solo el poder de Dios para hacer renacer la esperanza de donde se ha extinguido la vida, sino que pone de manifiesto el amor de Dios para buscar en lo más humilde, en lo despreciado de entre los seres humanos y hacerlo brotar como símbolo de esperanza para la humanidad.

Isaías describe el carácter de Dios y el Espíritu que descendería sobre el que habría de venir para que usted y yo sepamos a quién esperamos y que podemos esperar de él:

  • sabiduría
  • inteligencia
  • prudencia
  • fuerza
  • conocimiento
  • temor del Señor

Para contestarnos la pregunta de ¿A qué Señor esperamos?, también debemos contestarnos la pregunta ¿Estoy dispuesto o dispuesta a dejarme guiar por el Señor a quien espero?

Dejarnos guiar en el contexto de la promesa del Mesías de Isaías significa amar el otro y aceparlo como es, esa es la única forma de encontrar la paz. Dejarnos guiar por Dios también significa no mirar las apariencias sino el corazón (1 Sam 16:7 ), significa descartar habladurías y prejuicios para implementar la justicia de Dios y no la de los seres humanos.

“No juzgará según la vista de sus ojos, ni argüirá por lo que oigan sus oídos”.

Isaías 11:3

El Dios que ha de venir es uno cuyo sentido de justicia no es como el nuestro. La justicia de Dios a la que hace referencia el profeta nace del amor y de la misericordia que se alimentan y sustentan de la sabiduría, de la prudencia y del temor de Dios para que la inteligencia, la fuerza y el conocimiento se manifiesten en favor de la paz y del bien.

El que esperamos posee el corazón de un niño. Dejarnos guiar por un niño significa humildad para ser guiado por Dios y no por nuestros propios deseos. Los deseos y designios de Dios para nuestra vida a veces no son lo que nosotros queremos pero siempre serán lo que mas nos conviene.

Cuando ya nosotros no podamos hacer nada, pero al menos podamos creer en él y dejarnos guiar; ese es el momento en el que Dios ha de actuar.

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