PALABRA DIARIA | EN LAS MANOS DE DIOS

Siempre me han llamado la atención los textos bíblicos que dicen “en tus manos estoy”, “mi vida está en tus manos”, “en tus manos están mis tiempos”, en tus manos me encomiendo”. No puedo evitar pensar en el niño o la niña que cuando se encuentra solo o perdido y al ver a sus padres sale corriendo a sus brazos a buscar seguridad.

¿Qué tienen esas manos que nos hacen sentir seguros?

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Pero yo, Señor, confío en ti; yo he dicho: «¡Tú eres mi Dios!»
Mi vida está en tus manos; ¡líbrame de mis enemigos, que me persiguen!

Bendito sea el Señor, que con su amor hizo grandes cosas por mí en momentos de angustia.
En mi angustia llegué a pensar que me habías echado de tu presencia; pero cuando te pedí ayuda, tú escuchaste mis gritos.

Salmo 31:14-15, 21-22

En estos meses que hemos enfrentado tantos obstáculos y retos personales y colectivos, eventos que han amenazado nuestra vida y nuestra salud, sin duda es comprensible que en algún momento nos sintamos como el Salmista, solos, ansiosos, desamparados. El Salmista fue más extremista, llegó a pensar que Dios lo había echado de su presencia. Ciertamente cuando todo nos va de mal en peor, a cruzado por nuestra mente el pensamiento “Dios no me escucha”, “Dios se ha apartado de mi”.

Pero lo que puede hacer una gran diferencia en el momento de dificultad, es pedirle ayuda a Dios. A veces esa petición de ayuda puede parecerse a la del Salmista cuya situación era apremiante y le pidió ayuda a Dios a gritos.

Cuando le pedimos ayuda a Dios, Dios escucha y se hace sentir.

“Pero cuando te pedí ayuda, tú escuchaste mis gritos”. Así nos podemos sentir cuando decidamos poner nuestra vida y nuestras angustias en manos de Dios. Dios le da la certeza al salmista, como se le dio a Jesús, de que podemos saltar a sus manos, dejarnos caer con confianza para que el nos rescate, nos cubra, nos rodee y nos proteja de todo peligro.

Esas manos son las de un padre y una madre, suaves para acariciar en el dolor y fuertes y poderosas para protegernos. No hay angustia tan grande que no pueda calmarse si ponemos nuestra vida en manos de Dios.

Aprovechemos para hacer como el salmista y oremos:

Señor tu conoces nuestras angustias, tú conoces lo que nos amenaza, tu conoces cada reto que tenemos por delante; económico, personal, familiar, profesional o de salud. Porque tu lo conoces todo Señor te decimos como el Salmista: en tus manos estamos, tú eres nuestra protección, no nos defraudes, date prisa en socorrernos. Pero también afirmamos, que tú eres nuestra roca y nuestro refugio, que tu tienes cuidado de nosotros; y por eso te amamos y confiamos en ti. ¡Amen!

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¡Gracias por su vista!

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