PALABRA DIARIA | ¿Qué espera Dios de mí?

Por: María Calderón, UIPR Metro*

Hoy en día la sociedad está muy preocupada por lo puro; compramos agua embotellada cuando hace algunos años tomábamos la de la llave. Nos preocupa el aire puro, la comida saludable y lo natural, pero Dios en realidad no hace énfasis en eso.

Claro que es importante cuidarnos, pero no nos preocupemos tanto por lo que entra a nuestro cuerpo, sino por lo que sale de nuestro interior. Lo que Dios quiere de ti y de mí es pureza de corazón: donde nadie más que tú y Dios pueden ver.

Oh, Dios, ¡pon en mí un corazón limpio!
¡dame un espíritu nuevo y fiel!
No me apartes de tu presencia
ni me quites tu santo espíritu.
Hazme sentir de nuevo el gozo de tu salvación;
sostenme con tu espíritu generoso,

Las ofrendas a Dios son un espíritu dolido;
¡tú no desprecias, oh, Dios, un corazón hecho pedazos
.


Salmo 51:10,11,12 y 17

El texto de hoy nos habla del dolor y el arrepentimiento que sintió el Salmista al reconocer su pecado y la forma en que Dios obra para contemplar su misericordia siendo un atributo de su carácter el cual nos perdona cada mañana.

Este salmo expresa el pesar, el remordimiento, confesión y perdón del Salmista que nos ilustra que cuando nos volvemos a Dios, reconociendo nuestros errores con humildad podemos llegar a distinguir que el camino por el cual Dios nos lleva es el mejor, uno lleno de su paz y plenitud.

El autor del Salmo 51 entendió que el arrepentimiento y la humildad de reconocer que era la oportunidad para restablecer su confianza con el Creador, le hace recordar: Por la mañana hazme saber de tu amor, porque en ti he puesto mi confianza. ¿Alguna vez nos hemos sentido estancado en nuestra fe, como si todo fuera automáticamente?  Si nos hemos sentido así, tengo buenas noticias:  Dios nos hace comprender la importancia de la verdadera culpa para que los planes de Él se cumplan libremente en nuestras vidas.

Permitamos que Él trabaje en nuestro ser para cambiar todas nuestras imperfecciones hasta lograr que seamos mejores cada día. Por eso, el versículo 11 expresa: “No me apartes de tu presencia ni me quites tu santo espíritu”, solo el espíritu de Dios puede realizar esa transición que no será fácil, pero si gratificante.  Que hermoso al poder ver ese cambio en el interior y el efecto positivo que causa en nosotros y los que están alrededor ya sean familiares, vecinos, y otros.

Que versículo conmovedor al expresar “Vuélveme el gozo de tu salvación”:  Ese es el deseo de Dios que estemos cerca de Él para recibirnos con los brazos abiertos.

Que podamos decir como el salmista: 
Oh, Dios, ¡Pon en mí un corazón limpio!
Amén

*Agradecemos a los que contribuyen con reflexiones para hacer posible esta Palabra Diaria

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