La Cruz son solo dos maderos…

Reflexión de Viernes Santo

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He Qi

Qué significa para nosotros la cruz… la cruz son solo dos pedazos de madera sostenidos entre sí, si cuando la miramos no podemos ver a Dios sosteniendo nuestro sufrimiento, nuestra enfermedad, las injusticias de las que somos víctimas, el rechazo, abandono, falta de amor, de solidaridad; nuestras penas y nuestra propia soledad. Si ahí no podemos ver la muerte de Dios mismo, haciéndose vulnerable ante nuestra propia maldad, la cruz no tiene sentido.

Esos dos pedazos de madera cobran sentido cuando de ahí cuelgan las historias de personas como Juana (Lc 8:1-3) y como Simón Cireneo, pero sobre todo cuando ahí se encuentran tus historias y las mías, cuando en la cruz nos encontramos con los que sufren en Siria y los padres y familiares de los niños ahogados en San Sebastian. Para que esa cruz cobre sentido tienes que saber que Dios no es indiferente ni parcial al dolor humano. Dios se manifiesta contra todo lo que nos hace sufrir y quiere combatirlo usando nuestras manos, nuestra voz y nuestros pies. La cruz cobra sentido cuando sabemos que él murió por nosotros pero sobre todo por aquel que sufre aunque no sea como yo y no crea como yo.
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Las ovejas de mi amigo

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Hoy fui a conocer el rebaño de ovejas de un amigo. De camino a donde pastaban las ovejas nos detuvimos en el establo de los cabritos. Al llegar, los pequeñines me rodearon como esperando les diera una caricia y algo de comer, y una cabrita más grande de nombre María se dedicó a seguirme a donde quiera que iba. De pronto elevé la mirada hacia el monte y vi el rebaño de ovejas caminar como uno solo hacia donde yo estaba. Me acerqué con la intención de recibirlos pero de pronto se detuvieron en seco. Me bajé a su nivel para inspirarles confianza, extendí mis brazos y hasta les hablé, pero se volvieron desconfiados y se fueron hasta su corral en donde esperaron a su pastor, mi amigo.

Confieso que me descorazonó su reacción. Por la idea romántica que tengo de las ovejas pensé que al estar con mi amigo, su pastor, ellas se acercarían más confiadamente. Sin embargo no fue así. Aprendí de la diferencia entre las ovejas y los cabritos que estas son fieles pero muy desconfiadas. De los cabritos aprendí que acogen a todo el mundo y le rodean mientras reciben de este atenciones y alimento pero de la misma manera se voltean hacia cualquier otra persona sin mayor fidelidad. Aunque mi amigo no puede estar todos los días con su rebaño y solo les visita uno o dos veces al mes, ellas le esperan con entusiasmo porque le conocen y confían en él.

Por un rato observé desde la distancia el comportamiento del rebaño y finalmente regresé a los cabritos, consciente de la diferencia entre ambos rebaños pero con mucho sobre lo cual reflexionar. A veces nos toca pastorear entre ovejas y otras veces entre cabritos, en otras ocasiones se entremezclan; pero un buen pastor sabrá distinguirlos y sobre todo guardar su corazón para que el comportamiento de unas y otros no haga desfallecer su amor, su responsabilidad y compromiso para guiarles a pastos verdes y manantiales seguros.

Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.” (Jn 10:27-28)

ADVIENTO Y NAVIDAD, TIEMPO DE ENCUENTROS

medium-nativityEstas semanas de Adviento nos hacen mirar atrás a la historia para proyectarnos hacia el futuro con ilusión, entusiasmo y esperanza. Recordamos el primer encuentro visual con Dios a través de Emanuel, al que tenemos acceso a través de la historia y el que celebramos en Navidad. Este es el encuentro de Dios con el ser humano para REDENCIÓN, que se da a través del sufrimiento, a través de las complejidades de la vida ejemplificadas en la historia de Jesús, María y José. En esa historia se entrelaza la pobreza, la escasez, el llanto, la traición, el engaño, los exilios, el ir de un lugar a otro en la vida buscando mejores oportunidades, la muerte misma. Es esa encarnación que abraza y se aferra a la totalidad de la realidad humana en sufrimiento para que podamos encontrarnos con un Dios identificado con nosotros en todo, tanto en nuestras celebraciones y alegrías como en nuestro sufrimiento.

Sin embargo este acontecimiento no es solo un hecho que aceptemos por fe, sino que la vida de Jesús que podemos corroborar a través de la historia nos sirve de señal para lo que esperamos. Hoy, desde nuestra realidad histórica sabemos que la historia que comenzó en Belén, tan parecida a la de muchos de nosotros y de nuestras familias, venció la muerte y la desesperanza de la cruz en la resurrección. Es por eso que hoy podemos aferrarnos a ese encuentro con Dios en la pequeñez y humildad de un niño nacido en la escasez y expuesto a la vulnerabilidad y fragilidad humana para ser fortalecidos e impregnados con el gozo que nos permite vivir con el espíritu en vela para distinguir a Dios en cada epifanía de la vida diaria, en cada encuentro cotidiano que nos impulsa y nos restaura.

Que esta navidad renueve tu esperanza y te permita encontrar en la historia de Belén un nuevo sentido para tu vida y una nueva luz que inspire e ilumine tu caminar.

Fifty Shades of Grey

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En estos días están de modas las 50 tonalidades de grises, o mejor dicho, 50 tonalidades del Sr. Grey. El pensamiento del siglo 21 pretende destapar la gama de grises que existe en la vida del ser humano. Pues aunque muchos piensen que eso no es cierto y que la verdad solo tiene blanco o negro, yo sí creo que existen infinitas tonalidades entre el blanco y el negro. Sin embargo cuando nos sumergimos en ese mundo de grises podemos a veces perder la capacidad de distinguir dónde debemos dibujar la línea entre lo que nos hace daño y lo que no. En ese ejercicio de buscar o dibujar esa frontera saludable llegan a mi mente varios textos bíblicos que hablan de lo que Dios quiere y tiene reservado para todos: pensamientos de paz y de bien y vida abundante. 

Es muy fácil caer en relaciones tóxicas, que de alguna manera se conviertan en escenarios de esclavitud, que poco a poco nos lleven a aceptar o hacer cosas que una vez pensamos que jamás haríamos. Con el tiempo parece que hasta justificamos esos comportamientos y como rehenes de una batalla perdida enfermamos con el Síndrome de Estocolmo; nos identificamos y hasta defendemos aquello, aquellas o aquellos que han secuestrado nuestra voluntad y libertad de conciencia.

¡Sí, hay grises! Indudablemente. Aquello que me hace daño o que concibo intolerable para mi puede no serlo para quien está a mi lado. Sin embargo, un ser humano que sabe que Dios desea paz y bienestar para el o ella, es aquel que a pesar de sus dudas, carencias, faltas o anhelos, puede identificar dentro de sí mismo o sí misma el momento donde se transgrede su dignidad y se viola la frontera de la paz y el bienestar personal del otro o la otra. Esa convicción debe servir como motor para empoderarse y salir de relaciones de opresión. No hay satisfacción y gratificación personal que pueda ser aceptable si está condicionada al sufrimiento o la perdida de libertad del otro ser humano. 

Si recordamos el himno al amor de 1 Corintios 13 en su verso 5b nos confrontaremos con la hermosa pero desafiante premisa del amor verdadero; un amor que no busca lo suyo, porque se goza de la justicia; justicia que no es menos que las relaciones de igualdad, dignidad y respeto entre los seres humanos.

 

¿Serias capaz de arriesgar tu reputación por Jesús?

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Hace unas semanas leí este título en un artículo de una revista de internet dirigida a pastores. Inmediatamente pasé la página y resistí la curiosidad de leerlo. Me pegó. Me pegó fuerte. Me sentí cobarde, hipócrita, deshonesta conmigo misma y sobre todo con Dios ante tantas oportunidades en las que he puesto mi reputación por encima de mi llamado.

Hoy sin embargo siento que he comenzado a caminar por un sendero de mayor libertad y paz. Si bien es cierto que en ocasiones debemos pensar en el bien mayor y eso requiere una medida de aceptación y dialogo con ideales que no son los nuestros, también es cierto que nuestro llamado como cristianos y cristianas requiere un compromiso incondicional con la justicia, la misericordia y la compasión que va mucho más allá de nosotros y nosotras mismas, de lo que creemos, preferimos o deseamos.

Me pregunté en ese momento si estaba siendo capaz de arriesgar mi vida por el evangelio, que para mi no es ni más ni menos que la búsqueda de bienestar del otro y la otra aun a costa del mío propio, a través de su encuentro con el Jesús de la Buena Noticia. En esa reflexión me confronté con una verdad difícil para muchos de nosotros y nosotras: no siempre lo que yo creo que es el camino al bienestar del otro, es realmente lo que esa persona necesita para ser plena y feliz. Mi entendimiento bíblico-teológico me dice que todos necesitamos restaurar nuestra relación con el Ser Supremo para estar completos, pero el medio, el camino y los métodos para lograrlo no son necesariamente los que en mi carácter personal pueda considerar apropiados.

En esa reflexión me he visto a veces silente, temerosa y cohibida ante las injusticas del sistema eclesial, ante la difamación, la mentira, las fobias y odios disfrazados de ortodoxia religiosa. Por mucho tiempo me he visto callando, organizando mis pensamientos para encontrar una justificación de lo injustificable.

De pronto me vi aterrorizada ante lo que la gente podría decir de mi por lo que creo o proclamo que es nuestro llamado a la misericordia, a la justicia y a la compasión. Misericordia, justicia y compasión son palabras que hoy parecen haber perdido su verdadero significado y la gente las interpreta solo asociándolas a sus propias fobias o anti-fobias que a su vez se convierten en nuevas fobias, unas de derecha y otras de izquierda.

Me encontré secuestrada y me di cuenta que arriesgar mi reputación por Jesús es mi deber y compromiso; que el deber y compromiso de Dios es acompañarme.

Hoy me siento acompañada. 

 

Enlaces recomendados:
Iglesia Siglo 21
Ivelissevalentin.com
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Vicios, Virtudes y Valores

PEDERASTIA Y RELIGION: ¿Cual es nuestro rol?

El tema de la pederastia en el liderato religioso como realidad compleja exige se trate desde diversas disciplinas como la psicología y otras áreas de la conducta, pero es imperativo que la teología práctica pastoral haga un acercamiento al mismo y al impacto que esto tiene en la salud espiritual/integral del individuo y la sociedad, específicamente en las víctimas pero también el victimario.
 
La espiritualidad como la definía Carl Jung es: “esa parte compleja y multidimensional de la experiencia humana que ayuda al individuo a buscar significado y el propósito de la vida, a experimentar la esperanza, el amor y la paz interior, consuelo y el apoyo”. Esta dimensión del ser humano se ve impactada negativamente por estas experiencias de abuso y maltrato. Dicho impacto lo vemos y tratamos desde los espacios de cuidado pastoral y espiritual clínico y desde la consejería espiritual que brindan muchos pastores, pastoras y profesionales en estas disciplinas integrales. Cuando llegamos a atender una persona que se ha tratado de quitar la vida porque a sido abusada sexualmente y con lágrimas de desesperación y desconsuelo te dice “yo odio a Dios, yo no me merezco esto”, eso es mucho más de lo que un psicólogo o un médico puede trabajar; es una labor interdisciplinaria con un enorme peso para la figura pastoral.
 
Cuando las figuras religiosas que se supone ayuden al individuo en su búsqueda de significado, de consuelo y paz interior, les defraudan y violan sus derechos y libertades bajo el manto de lo sagrado, no solo se resquebraja su relación con Dios y con los demás sino que la relación consigo mismo y consigo misma se deteriora impactando significativamente su futuro y el de todos a su alrededor. Este es un mal que necesita la participación activa de aquellos que de alguna manera estamos ligados al cuidado espiritual desde las plataformas de fe de forma práctica y concreta, no desde la utopía, las ciencias o las teorías.
 
El líder religioso, pastor, pastora o sacerdote tiene la responsabilidad de enfrentar este reto y prepararse tanto académicamente como de forma práctica, pero sobre todo con la vestidura del amor y la compasión para ayudar a los que se nos acercan a restaurar esa dimensión ahora quebrada de la que habla Carl Jung, en la que se encuentra el propósito de la vida, la paz interior, el consuelo y la esperanza.
 
Como decimos en el Comunicado de prensa de la Mesa Nacional del Consejo Latinoamericano de Iglesias de Puerto Rico, es necesario que nos unamos “en un esfuerzo común para devolver a nuestros niños y niñas espacios seguros y a la familia puertorriqueña una imagen de Dios comprometido con los que sufren y aliado de la justicia”. 

VERDADERAMENTE: conversación en Viernes Santo con tu hijo a la distancia

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HIJO: Estoy "homesick"
MADRE: ya era hora! jaja! Nosotros también te extrañamos!
HIJO: Alquilar películas y mantecado de chocolate

MADRE: Siempre me he preguntado si es algo culturalmente psicológico que en viernes y sábado de la semana santa llueve, los días están como tristes y uno como que se deprime. Si como dijo el centurión romano en el evangelio de Marcos: "verdaderamente este hombre es el Hijo de Dios", pues entonces esta sombra de tristeza es mucho más que algo culturalmente psicológico. Una gran interrogante q sólo puede contestar la fe.
HIJO: que romanticismo en esas palabras
MADRE: Mira nene no seas evasivo… Detente!. Dale espacio en tu vida a cualquier otra cosa q no sea racional o depresiva.

HIJO: Todo en esta vida incumbe una de las dos, la razón o las emociones. Algunas cosas como la búsqueda de Dios incluyen ambas.
MADRE: querrás decir las tres
HIJO: Cual es la tercera?
MADRE: La fe
Hijo: Tienes toda la razón

MADRE: Volvamos al Centurión romano… solo quien puede estar a los pies de la cruz mirando a Jesús puede declarar: "Verdaderamente es el hijo de Dios". Vamos a sacar un minuto para mirarlo! …a lo mejor por eso llueve, por eso estamos tristes, por eso estás "homesick"…
HIJO: Nena el tenía fe, pues claro que tenía fe, si tenía al Hijo de Dios en su cara!!!
MADRE: el era romano, no creían, sino no lo hubieran crucificado

HIJO: …una Epifanía. Mas que una Epifanía ahaja… la madre de las Epifanías… Se dio cuenta que había latigado a Dios!

 

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