MISOGINIA Y RELIGIONES: DESDE OTRO LENTE

 

En su más reciente columna en el periodico el Nuevo Día el Profesor Gazir Sued expone su punto de vista sobre la histórica y aun predominante interpretación literal de los textos bíblicos y cómo estos “(conservan) su fuerza de subyugación ideológica… subordinando a la mujer al dominio del hombre y, consecuentemente, predisponiendo condiciones psicosociales motoras de las violencias de género en nuestros tiempos.”1
            Tristemente debemos admitir que la columna del profesor tiene mucho de cierto, pero deja fuera del alcance de la iglesia las perspectivas postmodernas de cuestionar y desafiar las metanarrativas con las que hemos crecido. El hombre y la mujer cristiana del siglo XXI se ha abierto a cuestionar, y muchos no tememos desafiar la religión institucionalizada pero ahora desde una espiritualidad basada en la experiencia. Hoy podemos decir que la ciencia y la razón se han quedado cortas para responder las grandes interrogantes de la existencia humana, y para demostrar que Dios no existe. Frente a una nueva manera de encarar la vida también existe una nueva manera de leer el texto bíblico que nos permite encontrar a Dios en medio de esta humanidad limitada que puede ser misógina, discriminatoria, prejuiciada, injusta y hasta vil.
            Otros textos bíblicos que debemos considerar son las cuatro biografías de la antigüedad con un matiz teológico que llamamos Evangelios: los relatos de la vida de Jesús. Aunque parezca paradójico, el lente de la postmodernidad se asemeja a las perspectivas y estilos de acercamiento a los textos que conocemos de Jesús: cuestionar, mirar los textos bíblicos con sospecha y cambiar paradigmas siempre en favor del discriminado. Jesús desafió los mandamientos de la Torá Judía, “quién esté libre de pecado que lance la primera piedra” (Juan 8), dijo; y con esa declaración liberó la mujer de la muerte sin cuestionar sus acciones o motivaciones, le restituyó su dignidad y nos dejó en herencia una nueva manera de leer e interpretar la Biblia.
            La postmodernidad nos inquieta hacia una relectura de las grandes narrativas que han sentado las bases de nuestra identidad cultural así como religiosa. Hoy leemos con nuevos lentes que anclados en la visión de Jesús nos permiten mirar hacia el futuro desde un presente complejo pero esperanzador. Tener la libertad de llamar “ al pan pan y al vino vino” sin temor de ser considerados herejes o de ser quemadas en la hoguera de brujas del medioevo, y que muchas mujeres puedan predicar o dictar cátedra desde lugares de privilegio en nuestro país, es muestra de que por más que pretendamos aferrarnos a los absolutos de la modernidad y de la lectura literal de la Biblia, el ser humano del siglo XXI se mueve a una relación con lo Sagrado basada en la experiencia, en la compasión y en la justicia; principios fundamentales del evangelio de Jesús, llamémonos cristianos o no.

 

1(http://www.elnuevodia.com/columna-misoginiayreligiones-1569730.html)

SACERDOTE, LEVITA O SAMARITANO

Hubo una vez dos sacerdotes, contó Jesús, que viendo un hombre casi muerto, herido, despojado de su ropa -y con eso despojado de su dignidad-, mirándolo con
desprecio pasaron de largo, porque acercarse a él significaba contaminarse con
su impureza. La gran ironía de esta historia es que la impureza de este
hombre ni siquiera había sido ocasionada por su propia maldad, había sido
ocasionada por la injusticia y el abuso de los demás. Aquél hombre, no solo había
sido víctima de los malhechores que lo ultrajaron, le robaron y casi le quitan
la vida, sino que aun en su momento de vulnerabilidad, desnudez y desgracia la
intransigencia de la religión pudo más que el amor y la compasión. Un ser humano despojado de su dignidad también es despojado de la posibilidad de un encuentro con Dios a través de las figuras sacerdotales cuando éstas deliberadamente se alejan y le dan la espalda.

         Sin embargo, siguió contando Jesús, un pagano cualquiera, no creyente, despojado de toda imagen de Dios ante los ojos de la ley y hasta despreciado también por los sacerdotes, se detuvo y tuvo compasión. Cubriendo su desnudez y sanado sus heridas se hizo responsable de su vida y se ocupó de él. Lo trató como a sí mismo desde su propia experiencia de persona oprimida por la religión
establecida. Porque pudo verse en los ojos de ese pobre hombre despojado de su
dignidad pudo hacerse prójimo y haciendose prójimo se hizo hijo de Dios a través de la entrega, el servicio y el amor.

¿Qué quiere Jesús que seamos hoy, sacerdotes de la ley que pasan de largo ante el
dolor y el sufrimiento humano porque más vale la ley escrita que la ley del
amor, o samaritanos despreciados que seamos capaces de detenernos ante el dolor
ajeno sin importar las consecuencias?

¿Quién quieres ser tu hoy, sacerdote o samaritano?

DISCRIMEN