¿Serias capaz de arriesgar tu reputación por Jesús?

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Hace unas semanas leí este título en un artículo de una revista de internet dirigida a pastores. Inmediatamente pasé la página y resistí la curiosidad de leerlo. Me pegó. Me pegó fuerte. Me sentí cobarde, hipócrita, deshonesta conmigo misma y sobre todo con Dios ante tantas oportunidades en las que he puesto mi reputación por encima de mi llamado.

Hoy sin embargo siento que he comenzado a caminar por un sendero de mayor libertad y paz. Si bien es cierto que en ocasiones debemos pensar en el bien mayor y eso requiere una medida de aceptación y dialogo con ideales que no son los nuestros, también es cierto que nuestro llamado como cristianos y cristianas requiere un compromiso incondicional con la justicia, la misericordia y la compasión que va mucho más allá de nosotros y nosotras mismas, de lo que creemos, preferimos o deseamos.

Me pregunté en ese momento si estaba siendo capaz de arriesgar mi vida por el evangelio, que para mi no es ni más ni menos que la búsqueda de bienestar del otro y la otra aun a costa del mío propio, a través de su encuentro con el Jesús de la Buena Noticia. En esa reflexión me confronté con una verdad difícil para muchos de nosotros y nosotras: no siempre lo que yo creo que es el camino al bienestar del otro, es realmente lo que esa persona necesita para ser plena y feliz. Mi entendimiento bíblico-teológico me dice que todos necesitamos restaurar nuestra relación con el Ser Supremo para estar completos, pero el medio, el camino y los métodos para lograrlo no son necesariamente los que en mi carácter personal pueda considerar apropiados.

En esa reflexión me he visto a veces silente, temerosa y cohibida ante las injusticas del sistema eclesial, ante la difamación, la mentira, las fobias y odios disfrazados de ortodoxia religiosa. Por mucho tiempo me he visto callando, organizando mis pensamientos para encontrar una justificación de lo injustificable.

De pronto me vi aterrorizada ante lo que la gente podría decir de mi por lo que creo o proclamo que es nuestro llamado a la misericordia, a la justicia y a la compasión. Misericordia, justicia y compasión son palabras que hoy parecen haber perdido su verdadero significado y la gente las interpreta solo asociándolas a sus propias fobias o anti-fobias que a su vez se convierten en nuevas fobias, unas de derecha y otras de izquierda.

Me encontré secuestrada y me di cuenta que arriesgar mi reputación por Jesús es mi deber y compromiso; que el deber y compromiso de Dios es acompañarme.

Hoy me siento acompañada. 

 

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PEDERASTIA Y RELIGION: ¿Cual es nuestro rol?

El tema de la pederastia en el liderato religioso como realidad compleja exige se trate desde diversas disciplinas como la psicología y otras áreas de la conducta, pero es imperativo que la teología práctica pastoral haga un acercamiento al mismo y al impacto que esto tiene en la salud espiritual/integral del individuo y la sociedad, específicamente en las víctimas pero también el victimario.
 
La espiritualidad como la definía Carl Jung es: “esa parte compleja y multidimensional de la experiencia humana que ayuda al individuo a buscar significado y el propósito de la vida, a experimentar la esperanza, el amor y la paz interior, consuelo y el apoyo”. Esta dimensión del ser humano se ve impactada negativamente por estas experiencias de abuso y maltrato. Dicho impacto lo vemos y tratamos desde los espacios de cuidado pastoral y espiritual clínico y desde la consejería espiritual que brindan muchos pastores, pastoras y profesionales en estas disciplinas integrales. Cuando llegamos a atender una persona que se ha tratado de quitar la vida porque a sido abusada sexualmente y con lágrimas de desesperación y desconsuelo te dice “yo odio a Dios, yo no me merezco esto”, eso es mucho más de lo que un psicólogo o un médico puede trabajar; es una labor interdisciplinaria con un enorme peso para la figura pastoral.
 
Cuando las figuras religiosas que se supone ayuden al individuo en su búsqueda de significado, de consuelo y paz interior, les defraudan y violan sus derechos y libertades bajo el manto de lo sagrado, no solo se resquebraja su relación con Dios y con los demás sino que la relación consigo mismo y consigo misma se deteriora impactando significativamente su futuro y el de todos a su alrededor. Este es un mal que necesita la participación activa de aquellos que de alguna manera estamos ligados al cuidado espiritual desde las plataformas de fe de forma práctica y concreta, no desde la utopía, las ciencias o las teorías.
 
El líder religioso, pastor, pastora o sacerdote tiene la responsabilidad de enfrentar este reto y prepararse tanto académicamente como de forma práctica, pero sobre todo con la vestidura del amor y la compasión para ayudar a los que se nos acercan a restaurar esa dimensión ahora quebrada de la que habla Carl Jung, en la que se encuentra el propósito de la vida, la paz interior, el consuelo y la esperanza.
 
Como decimos en el Comunicado de prensa de la Mesa Nacional del Consejo Latinoamericano de Iglesias de Puerto Rico, es necesario que nos unamos “en un esfuerzo común para devolver a nuestros niños y niñas espacios seguros y a la familia puertorriqueña una imagen de Dios comprometido con los que sufren y aliado de la justicia”. 

VERDADERAMENTE: conversación en Viernes Santo con tu hijo a la distancia

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HIJO: Estoy "homesick"
MADRE: ya era hora! jaja! Nosotros también te extrañamos!
HIJO: Alquilar películas y mantecado de chocolate

MADRE: Siempre me he preguntado si es algo culturalmente psicológico que en viernes y sábado de la semana santa llueve, los días están como tristes y uno como que se deprime. Si como dijo el centurión romano en el evangelio de Marcos: "verdaderamente este hombre es el Hijo de Dios", pues entonces esta sombra de tristeza es mucho más que algo culturalmente psicológico. Una gran interrogante q sólo puede contestar la fe.
HIJO: que romanticismo en esas palabras
MADRE: Mira nene no seas evasivo… Detente!. Dale espacio en tu vida a cualquier otra cosa q no sea racional o depresiva.

HIJO: Todo en esta vida incumbe una de las dos, la razón o las emociones. Algunas cosas como la búsqueda de Dios incluyen ambas.
MADRE: querrás decir las tres
HIJO: Cual es la tercera?
MADRE: La fe
Hijo: Tienes toda la razón

MADRE: Volvamos al Centurión romano… solo quien puede estar a los pies de la cruz mirando a Jesús puede declarar: "Verdaderamente es el hijo de Dios". Vamos a sacar un minuto para mirarlo! …a lo mejor por eso llueve, por eso estamos tristes, por eso estás "homesick"…
HIJO: Nena el tenía fe, pues claro que tenía fe, si tenía al Hijo de Dios en su cara!!!
MADRE: el era romano, no creían, sino no lo hubieran crucificado

HIJO: …una Epifanía. Mas que una Epifanía ahaja… la madre de las Epifanías… Se dio cuenta que había latigado a Dios!

 

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MI RESPONSABILIDAD ANTE UNA NUEVA OPORTUNIDAD (2014)

Oportunidad

Comúnmente leemos el texto bíblico afirmando todo lo que dice sin cuestionamientos ni análisis disonante que nos lleve a la reflexión y al aprendizaje. Los hombres y mujeres de la biblia son el prototipo de nosotros mismos y de nuestras vivencias. Pero sería hipócrita y hasta ignorante decir que todo lo que desprendemos de ellos es bueno. Muchas veces la diferencia entre sus historias y la nuestra está en la manera en la que ellos y ellas se dejaron usar por Dios y entraron en un proceso de aprendizaje que les permitió ver el cumplimiento de la voluntad divina. Otros personajes como Moisés y David nunca vieron la plenitud del propósito de Dios para sus vidas como consecuencia de sus errores y su pecado.
 
Comenzando un nuevo año debemos reflexionar sobre la conducta que no nos permite alcanzar la voluntad de Dios. El Génesis nos presenta en Adán un hombre que no podía asumir la responsabilidad por sus propias acciones (Gn 3). En Adán nos vemos a nosotros y nosotras mismas cuando señalamos los defectos y responsabilidades de otros incluyendo el gobierno, la iglesia, la familia y la sociedad y nos convertimos en críticos crueles y jueces de todo y de todos. "La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí." {Gn 3:12) Nuestra osadía nos lleva a culpar a todo el que se nos pare de frente incluyendo a Dios; a Dios por lo que nos ha dado o por lo que no nos ha dado, y a los que están a nuestro lado porque su conducta y fragilidad nos expone, nos tienta y nos contamina.
 
¿Como se hubiese desarrollado la historia bíblica si Adán hubiese contestado diferente? La experiencia de Adán debe provocar en nosotros un análisis que nos lleve a la reflexión y al aprendizaje, que nos lleve a responder frente a la crítica, el error y el pecado asumiendo la responsabilidad: "sí Señor, comí del fruto, fallé, pequé, qué puedo hacer para enmendarlo", puede ser el comienzo de un año mejor.
 
Adán escuchó la voz de Eva y Eva la de la serpiente pero ninguno fue capas de asumir su responsabilidad, con esto provocaron que Dios les expulsara del Edén. La vida fuera del Edén se convierte en el terreno de aprendizaje para el ser humano, el mundo de luchas, esfuerzos y sufrimiento. Cuántos siglos más de guerras, injusticia, marginación, pobreza y dolor han de pasar para que aprendamos que el juicio y la condena no son las alternativas para sanar, crecer, prosperar y disfrutar de una vida mejor. Culpar a otros y juzgar no me exime de mi propia culpa y responsabilidad como tampoco engaña a Dios aunque engañemos a los demás.
 
Asumir mi responsabilidad enfrenta al otro a asumir la suya pero requiere de nuestra parte una gran valentía y compromiso de cambiar. Asumir mi responsabilidad es difícil porque me enfrenta a la necesidad de actuar con gestos concretos que promuevan cambios mientras que culpar a otros pone la responsabilidad en ellos liberándome de la obligación de hacer. Asumir mi responsabilidad también mueve a Dios a la acción frente a un hombre y una mujer que demuestra madurez, justicia y amor frente a su prójimo. Asumir mi responsabilidad para emprender un camino mejor de reconciliación con Dios y con los demás me coloca a las puertas de la tierra de la promesa (Dt 8:8-9) para disfrutar de la abundancia y la vida mejor que Dios tiene preparadas para nosotros y de la cual recibimos la primicia en Cristo Jesús.
 
¡Así nos ayude Dios!
 

NAVIDAD: MOMENTO FRONTERA ENTRE LA DUDA Y LA ESPERANZA

NAVIDAD: MOMENTO FRONTERA ENTRE LA DUDA Y LA ESPERANZA

En esta época de navidad escuchamos una y otra vez la historia de un niño quien como millones hoy en día, llegó a nuestra historia en medio de circunstancias adversas. Desde antes de nacer la historia de Jesús estaba llena de milagros y de la intervención de Dios haciendo posible lo imposible. Seis meses antes del ángel anunciarle a María que daría a luz un hijo, Elizabeth su pariente que era estéril había quedado embarazada. El mensajero vino a contar a María los milagros del Señor para que ella pudiera confiar en lo que Dios puede hacer, por lo ya ha hecho.

Cuando parece que los recursos se han acabado, materiales, emocionales, espirituales; cuando pensamos que no podemos más podemos mirar atrás y recordar como Dios ha obrado milagrosamente a través de la historia, en nuestra vida y en la de otros y otras cercanas a nosotros. Revisitar la historia nos ayuda a
confiar en lo que Dios hará por lo que ya ha hecho.

En ocasiones las situaciones que tenemos frente a nosotros son complejas, matizadas de imposibles. El futuro puede proyectarse de mucho dolor, como lo fue el futuro de María. Obedecer la voluntad de Dios no siempre tiene un final feliz. Para María significaría acompañar a su hijo hasta la muerte. Sin embargo, la diferencia está en saber que Dios es capaz de hacer posible lo que a los seres humanos nos resulta imposible y que Dios nos promete su compañía.

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NOS INVITA A SER PARTICIPAR DE SU PLAN

RESPONDEMOS

DIOS HACE POSIBLE LO IMPOSIBLE

Al nacer Jesús las cosas no iban a mejorar, como en nuestra vida, las dificultades continuaban y María y José enfrentaban grandes retos de fe, a través de los cuales la presencia de Dios se haría sentir. Jesús llega a la historia del ser humano en un momento en el que la humanidad era víctima de un imperio déspota y sanguinario; y Judea era víctima de un rey cruel, capaz de cometer cualquier atrocidad para mantener su poder. Herodes había sido capaz de asesinar sus propios hijos. ¡Cuanto más no sería capaz de hacer para continuar protegiendo su reinado! En medio de esa terrible realidad Dios irrumpe en nuestras vidas como un niño pobre, indefenso, perseguido y amenazado por los poderes del imperio. Asume nuestra humanidad para vivir nuestra pobreza, nuestra necesidad, nuestros temores, nuestro sufrimiento y hasta nuestra mortalidad.

Jesús provenía de una familia pobre y sin recursos, al punto que había nacido entre animales domésticos, en un lugar que no era ni su casa, ni su pueblo. La ironía de esta historia es que un rey tan poderoso como Herodes temiera por su reino y por su vida al escuchar hablar de este niño pobre, llamado Jesús. La presencia de Herodes en el texto bíblico lo convierte en un documento histórico que se relaciona con la historiografía y la arqueología para validarla a la vez que las mismas validan la historia de la salvación. Hoy, desde la distancia histórica es fácil comprender que la mano de Dios estaba sobre Jesús, y el propio temor de Herodes testificaría de la grandeza de Su misión. Sin embargo, en ese momento no era tan fácil entenderlo. A pesar de la maldad y el poder de Herodes, todas sus maquinaciones no pudieron detener el propósito de Dios porque los planes de Dios, son más grandes que toda estrategia humana para impedirlos. Aun a pesar de la persecución de Herodes, la revelación y el acompañamiento de Dios salva al nuevo Moisés, que vendrá a salvar y libertar, ahora no a unos pocos, sino a toda la humanidad. Así como a Jesús, Dios nos protege, y nos salva de los Herodes de nuestra vida, que se levantan para entorpecer el propósito de Dios en nosotros.

Hoy podemos hilvanar la historia con nuestro propio caminar con Dios y nuestra historia personal, podemos reflexionar sobre el propósito de nuestra vida y encontrar en los dichos, los milagros y los hechos de Jesús una reafirmación de que Dios nos acompaña, nos protege y nos salva, para que se cumpla en nosotros Su voluntad.

Hoy podemos decir: “Señor, he enfrentado mis propios Herodes y en el pasado me has librado, hoy tal vez no puedo ver con claridad lo que hay de frente y como María y José, tengo miedo y quisiera salir huyendo a Egipto, pero una cosas sí se, se muy bien lo que ya tu has hecho y que en mi peregrinar me has acompañado, me has librado, provisto, sanado y salvado. Por eso se que estás conmigo como lo estuviste con María y José en su caminar a Egipto huyendo de Herodes. Porque estás conmigo puedo responder confiada ante lo desconocido, ante la enfermedad, la escases, depresión, tristeza, angustia, sufrimiento. Porque tu estás conmigo como estuviste con Elizabeth, puedo decir como María: “he aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra.”

UN DIA DE ACCION DE GRACIAS CUANDO LO PEOR HA PASADO

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En la tradición judeo-cristiana la gratitud forma parte fundamental del culto a Dios pero más aun, forma parte de todos los aspectos de la vida del creyente. Para el hombre y la mujer de la biblia era importante ver la intervención de Dios en toda la vida del ser humano y destacar Sus obras salvíficas, liberadoras y Su provisión, por encima de las dificultades o de escases, al punto que el profeta Habacuc (3:17-19) nos dice:

“Aunque la higuera no florezca ni en las vides haya frutos, aunque falte el producto del olivo y los labrados no den mantenimiento, aunque las ovejas sean quitadas de la majada y no haya vacas en los corrales, con todo, yo me alegraré en el Señor, me gozaré en el Dios de mi salvación. El Señor, es mi fortaleza; él me da pies como de ciervas y me hace caminar por las alturas.”

El gozo y la alabanza son manifestaciones de agradecimiento a Dios aun en medio de situaciones ante las cuales no tenemos explicación, y cuando la enfermedad, el sufrimiento y hasta la muerte nos acechan. La persona que puede mirar a la creación y levantar su mirada hacia lo que tiene por encima de aquello que no tiene y que puede dar gracias a Dios por ello tiene una mayor capacidad para aceptarse a sí mismo y a sí misma y enfrentar las circunstancias para encontrar propósito para su vida.

Ser agradecidos en lo poco nos permitirá asumir nuestra realidad mirándola como provisión y no como privación. Ser agradecidos en lo mucho nos permitirá reconocer la abundancia para mirar aquel que necesita y poder compartir con el o con ella nuestro pan, ya sea material o espiritual.

Si tomamos como cierto que la tradición judía veía la gratitud a Dios como algo intrínseco en el creyente, entonces podríamos decir que cuando dedicamos todo lo que hacemos al Señor, aquello que hacemos con gozo y con entusiasmo tanto como lo que nos cuesta, lo que nos produce alegría como lo que nos produce tristeza, entonces estamos santificando nuestras obras y reconociendo a Dios como centro de nuestras vidas. De esa manera, poniendo todas nuestras obras en manos del Señor con agradecimiento abrimos el camino para que Dios obre y transforme nuestras penas y nuestro sufrimiento en esperanza.

Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.” (Colosenses 3:17)

Hacer todo como para el Señor es el secreto de un corazón agradecido y un corazón agradecido puede cambiar su propia vida y la de los que están a su lado. Un corazón agradecido suma y no resta, construye y no destruye, levanta el pan dando gracias y lo bendice para que Jesús lo multiplique hasta que sobre. Ser agradecidos y agradecidas es hacer todo como si fuera para el Señor, es hacer de la gratitud un estilo de vida que guie nuestros pasos, para que Dios añada a nuestra vida lo que nos falte.

En este día algunos tendremos motivos claros para dar gracias y otros tal vez nos preguntemos: ¿porqué dar gracias? ¿Cómo mirar la vida con optimismo en medio de las situaciones que no podemos comprender, aun en medio de la escases, aun cuando parece que el techo se nos viene abajo? Sin embargo, el cristiano sabe que cuenta con un Dios que al hacerse humano tomó nuestra forma, asumió nuestra realidad y nuestra humanidad para poder identificarse con nosotros; para poder acercarse a nosotros.

Hoy podemos dar gracias porque Dios se ha acercado a nosotros y conoce nuestro sufrimiento. Hoy podemos dar gracias porque la diferencia entre el creyente y el no creyente es que usted y yo sabemos que Dios está a nuestro lado en medio de nuestro sufrimiento, de nuestra escases y de nuestra enfermedad, aunque transitemos por la noche oscura de nuestra alma.

Vivir agradecidos es mirar lo que tenemos, mucho o poco, y ser agradecidos por ello; poner lo que somos y lo que tenemos mucho o poco para el beneficio de los demás, y poder decir: “Señor hoy elevo a ti mi pan, aunque solo sea una hogaza, aunque mi higuera no de fruto, aunque no tenga trabajo, aunque escasee mi salud y mis bienes materiales. Elevo a ti mi pan, mucho o poco y te doy gracias y lo bendigo para que tu hagas el milagro en mi vida y lo multipliques. Hoy hago un compromiso de sumar y no restar, de despojarme de mi tristeza y del luto que nubla mis ojos y no me permite ver las otras dimensiones de la vida ante las cuales puedo encontrar esperanza para continuar. Señor hoy elevo a ti mi pan, mucho o poco para que lo multipliques”.

Que esta oración nos ayude a contar las bondades de Dios cuando mirando atrás podamos decir: “lo peor a pasado”.

ENFRENTANDO NUESTROS HERODES

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Dios
irrumpe en nuestra historia asumiendo nuestra humanidad sin excepciones,
abandonando su gloria para vivir nuestra pobreza, nuestra necesidad, nuestros
temores, nuestro sufrimiento y hasta nuestra propia muerte. Irrumpió en un
momento histórico en el que la humanidad era víctima de un imperio déspota y
sanguinario; y Judea era víctima de un rey cruel, capaz de cometer cualquier
atrocidad para mantener su poder. En medio de esa terrible realidad Dios
irrumpe como un niño pobre, indefenso, perseguido y amenazado por los poderes
del imperio. ¡Que gran ironía!

Los
niños no tenían voz en la antigüedad y eran considerados ciudadanos de segunda.
Jesús provenía de una familia pobre y sin recursos, al punto que había nacido
entre animales domésticos, en un lugar que no era ni su casa, ni su pueblo. La
ironía de esta historia es que un Rey tan poderoso como Herodes temiera por su
reino y por su vida al escuchar hablar de este niño pobre, llamado Jesús. Para
nosotros desde la distancia histórica es fácil comprender que la mano de Dios
estaba sobre él y el propio temor de Herodes testificaría de la grandeza de la
misión de Jesús. Sin embargo, en ese momento no era tan fácil verlo así. A pesar de la maldad y el poder de Herodes, todas sus maquinaciones no pudieron
detener el propósito de Dios porque los planes de Dios, que siempre son de
bien, son más grandes que toda estrategia humana. Por eso, mirando la historia
de Jesús hoy, podemos estar seguros que todo lo que Dios disponga
para nosotros tendrá cumplimiento más allá de toda duda y de todo tropiezo.

Aun
a pesar de la persecución de Herodes, la revelación y el acompañamiento de Dios
salva al nuevo Moisés, que vendrá a salvar y libertar, ahora no a unos pocos,
sino a toda la humanidad. Así como a Jesús, Dios nos protege, y nos salva de
los Herodes de nuestra vida, que se levantan para entorpecer el propósito de
Dios en nosotros.
Reflexionando
sobre la vida de Jesús, imaginando navegar las aguas en las que Jesús obró
milagros y enseñó una nueva ética de justicia y de compasión basada en el prójimo
que transformaría a la humanidad; mientras hilvanamos la historia con nuestro
propio caminar con Dios y nuestra propia historia personal, podemos reflexionar
sobre el propósito de nuestra vida y encontrar en los dichos, los milagros y
los hechos de Jesús un nuevo propósito para esta; y una reafirmación de
que Dios Padre nos acompaña, nos protege y nos salva, para que se cumpla en
nosotros su llamado como se cumplió en Jesús.

¡Así nos ayude Dios!

Lectura de referencia: Mc. 2:13-23

MISOGINIA Y RELIGIONES: DESDE OTRO LENTE

 

En su más reciente columna en el periodico el Nuevo Día el Profesor Gazir Sued expone su punto de vista sobre la histórica y aun predominante interpretación literal de los textos bíblicos y cómo estos “(conservan) su fuerza de subyugación ideológica… subordinando a la mujer al dominio del hombre y, consecuentemente, predisponiendo condiciones psicosociales motoras de las violencias de género en nuestros tiempos.”1
            Tristemente debemos admitir que la columna del profesor tiene mucho de cierto, pero deja fuera del alcance de la iglesia las perspectivas postmodernas de cuestionar y desafiar las metanarrativas con las que hemos crecido. El hombre y la mujer cristiana del siglo XXI se ha abierto a cuestionar, y muchos no tememos desafiar la religión institucionalizada pero ahora desde una espiritualidad basada en la experiencia. Hoy podemos decir que la ciencia y la razón se han quedado cortas para responder las grandes interrogantes de la existencia humana, y para demostrar que Dios no existe. Frente a una nueva manera de encarar la vida también existe una nueva manera de leer el texto bíblico que nos permite encontrar a Dios en medio de esta humanidad limitada que puede ser misógina, discriminatoria, prejuiciada, injusta y hasta vil.
            Otros textos bíblicos que debemos considerar son las cuatro biografías de la antigüedad con un matiz teológico que llamamos Evangelios: los relatos de la vida de Jesús. Aunque parezca paradójico, el lente de la postmodernidad se asemeja a las perspectivas y estilos de acercamiento a los textos que conocemos de Jesús: cuestionar, mirar los textos bíblicos con sospecha y cambiar paradigmas siempre en favor del discriminado. Jesús desafió los mandamientos de la Torá Judía, “quién esté libre de pecado que lance la primera piedra” (Juan 8), dijo; y con esa declaración liberó la mujer de la muerte sin cuestionar sus acciones o motivaciones, le restituyó su dignidad y nos dejó en herencia una nueva manera de leer e interpretar la Biblia.
            La postmodernidad nos inquieta hacia una relectura de las grandes narrativas que han sentado las bases de nuestra identidad cultural así como religiosa. Hoy leemos con nuevos lentes que anclados en la visión de Jesús nos permiten mirar hacia el futuro desde un presente complejo pero esperanzador. Tener la libertad de llamar “ al pan pan y al vino vino” sin temor de ser considerados herejes o de ser quemadas en la hoguera de brujas del medioevo, y que muchas mujeres puedan predicar o dictar cátedra desde lugares de privilegio en nuestro país, es muestra de que por más que pretendamos aferrarnos a los absolutos de la modernidad y de la lectura literal de la Biblia, el ser humano del siglo XXI se mueve a una relación con lo Sagrado basada en la experiencia, en la compasión y en la justicia; principios fundamentales del evangelio de Jesús, llamémonos cristianos o no.

 

1(http://www.elnuevodia.com/columna-misoginiayreligiones-1569730.html)

SACERDOTE, LEVITA O SAMARITANO

Hubo una vez dos sacerdotes, contó Jesús, que viendo un hombre casi muerto, herido, despojado de su ropa -y con eso despojado de su dignidad-, mirándolo con
desprecio pasaron de largo, porque acercarse a él significaba contaminarse con
su impureza. La gran ironía de esta historia es que la impureza de este
hombre ni siquiera había sido ocasionada por su propia maldad, había sido
ocasionada por la injusticia y el abuso de los demás. Aquél hombre, no solo había
sido víctima de los malhechores que lo ultrajaron, le robaron y casi le quitan
la vida, sino que aun en su momento de vulnerabilidad, desnudez y desgracia la
intransigencia de la religión pudo más que el amor y la compasión. Un ser humano despojado de su dignidad también es despojado de la posibilidad de un encuentro con Dios a través de las figuras sacerdotales cuando éstas deliberadamente se alejan y le dan la espalda.

         Sin embargo, siguió contando Jesús, un pagano cualquiera, no creyente, despojado de toda imagen de Dios ante los ojos de la ley y hasta despreciado también por los sacerdotes, se detuvo y tuvo compasión. Cubriendo su desnudez y sanado sus heridas se hizo responsable de su vida y se ocupó de él. Lo trató como a sí mismo desde su propia experiencia de persona oprimida por la religión
establecida. Porque pudo verse en los ojos de ese pobre hombre despojado de su
dignidad pudo hacerse prójimo y haciendose prójimo se hizo hijo de Dios a través de la entrega, el servicio y el amor.

¿Qué quiere Jesús que seamos hoy, sacerdotes de la ley que pasan de largo ante el
dolor y el sufrimiento humano porque más vale la ley escrita que la ley del
amor, o samaritanos despreciados que seamos capaces de detenernos ante el dolor
ajeno sin importar las consecuencias?

¿Quién quieres ser tu hoy, sacerdote o samaritano?

DISCRIMEN

HOY PIDO PERDON…

Soy parte de una de las minorías que a
través de las grandes luchas de la historia ha logrado liberarse y ocupar una
posición de dignidad en nuestra sociedad. Sin embargo, muchas han
olvidado de cuando, solo por ser mujer, fueron pisoteadas, maltratadas y silenciadas hasta por el
mismo texto bíblico que tanto veneramos. Proclamamos el evangelio de Jesús que
le dio voz a la mujer samaritana, a la mujer sirofenicia, a María Magdalena, a
María madre de Jesús y a la mujer acusada de adulterio entre otras. Nos
acomodamos en ese grupo de mujeres a quienes se les comisionó anunciar que
Jesús había resucitado y que tenía agua de vida para todos y todas, judíos,
samaritanos, gentiles / católicos, protestantes, agnósticos, ateos; sin
distinción. Sin embargo a la hora de fomentar la justicia y el derecho a una
vida plena en salud y bienestar muchas prefieren privilegiar doctrinas paulinas
y veterotestamentarias silenciando la voz de Jesús como lo trataron de hacer
los religiosos de la época al llevarlo a la cruz. Se nos olvida que tan cercano
como el 1929 la mujer no tenia derecho al voto en Puerto Rico, que podía ser
abandonada por los maridos como trapo viejo sin recursos ni derechos para
exigir un apellido ni pensión para sus hijos e hijas. Se nos olvida que hasta
hace muy poco muchas iglesias no nos permitían sentarnos junto a nuestro esposos y
nos segregaban a otros escaños, no se nos permitía subir al altar, predicar
u oficiar sacramentos y todo eso en nombre de Dios, representado por Pablo y no
por Jesús: "vuestras mujeres callen en las congregaciones; porque no les
es permitido hablar, sino que estén sujetas, como también la ley lo dice".
1Cor 14: 34

Es
por eso que hoy me avergonzaría de ser mujer cristiana si para poder predicar
y laborar como ministro tengo que usar unos métodos de interpretación bíblica
que me beneficien a mi pero no los pueda aplicar para los demás. Más aun, hoy
me avergüenzo de que no podamos mirar más allá de nuestra opinión acerca de la
sexualidad y los modelos civiles de composición familiar para proteger la
salud, la libertad, y el derecho a la vida plena de nuestros hermanos y
hermanas aunque piensen o actúen diferente a nosotros y nosotras. El derecho a practicar nuestra
religión y expresarnos en libertad no está en discusión; el derecho a
celebrar uniones matrimoniales en nuestras iglesias de acuerdo a nuestros
preceptos religiosos, tampoco es negociable. Sin embargo, cuando amparadas y
amparados por ese derecho ponemos en riesgo la vida y la salud de otros que no
piensan como nosotras quebrantamos el mandamiento de amor al prójimo y a Dios
por sobre todas las cosas. 

Hoy
con corazón avergonzado quiero unirme a la oración de la Rvda. Maritza Rosas el
domingo en la convención de la Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo):
"Señor perdónanos cuando en nuestra arrogancia nos queremos hacer dioses
otorgándole a unos el cielo y a otros el infierno".