CON JESUS SE CRUCIFICARON NUESTRAS LUCHAS…

AHORA AGUARDAMOS CON ESPERANZA LA HORA DE LA RESURRECCION.

Quién soy, cómo soy, cuanto valgo o si no valgo, mi ego, mi autoestima, mis preguntas, el porqué y para qué…
Allí en la cruz se quedaron clavadas nuestras preguntas y en el cuerpo sin vida de Jesús también se sepultaron nuestras esperanzas. Sin embargo, hoy esperamos pasivamente la resurrección porque en ella renacerá nuestra esperanza, preñada de nuevas respuestas.

Si El resucita, si El vive, en El yo viviré.
Si El resucita, con El yo resucitaré y con El yo seré una mujer nueva y un hombre nuevo.

Esperamos… 

 

LAS VICTIMAS DEL CRIMEN DE LAS QUE NADIE HABLA

En una sala de cuidado crítico, una anciana de 79 años de edad lucha por su vida tras un accidente tratando de esconderse al escuchar una ráfaga de tiros. Su hijo
que se enfrenta a un tratamiento de quimioterapia me decía “no puedo ir a la
quimio porque no voy a dejar a mi viejita morir sola”. La iglesia tiene que
ampliar su visión, salir de los megatemplos, de las manifestaciones masivas, de la espiritualidad individualista,
del concepto de salvación personal y asumir una acción social a favor del otro
y la otra que nos encamine a la salvación como pueblo. ¿Cómo puedo estar en paz
con mi conciencia si en busca de mi salvación personal camino a ciegas ante al dolor
ajeno?

SI PARA SER CRISTIANA TENGO QUE VIVIR CONDENANDO A LOS DEMAS, ENTONCES PREFIERO NO SERLO

“Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga”. (1Cor 10:12)

Es muy triste escuchar discusiones y contiendas sobre quien será condenado y quien se salvará, sobre qué cosas nos llevarán al cielo o al infierno. Más triste aún es escuchar a quienes se convierten en administradores de la palabra de Dios con el subterfugio de que se preocupan porque las almas no se pierdan, sin embargo distan mucho de demostrar el amor, la misericordia y la justicia que fueron la base sobre la cual Jesús edificó su ministerio. Es más triste aún escuchar cómo se escogen textos bíblicos selectivamente de bando y bando para justificar agendas personales.

Les invito a reflexionar sobre un texto del evangelio de Juan que nos encanta predicar: ”Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eternal” (Jn 3:16); pero por alguna razón el verso que le sigue parece que se ha borrado de nuestras biblias: ”Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él” (Jn 3:17). También les invito a evaluar cada texto bíblico a la luz de las palabras de Jesús.
Si hoy hemos podido pasar por el filtro de Sus palabras los textos del antiguo testamento y de las epístolas del nuevo, en los que prohíben a la mujer hablar en la congregación –porque Jesús mostró lo contrario al realizar el milagro de la bodas de Canaa por petición de María (Jn 2:1-12), y al enviar las mujeres a contar de su resurrección (Mc 16:1-11); si hoy podemos aplicar el filtro de las palabras de Jesús a la ley de apedrear hasta la muerte aquellos que cometen adulterio -porque Jesús señaló primero los pecados de los condenadores y no condenó a la acusada (Jn 8:1-11)-, por qué no se aplica el mismo filtro a otros casos de marginación, condenación e injusticias que imperan en pleno siglo XXI.

Me indigna la selectividad con la que se proclama lo que es bueno y lo que es malo. Me indigna que algunos piensen que son capaces de determinar quien ha de salvarse y quien ha de condenarse. Me indigna que no seamos capaces de ver la viga de nuestro ojo y sí la paja del ojo del otro y la otra, pero más me indigna que otorguemos valores a los pecados para poder defender los nuestros como faltas menores y los de los demás como pecados mayores que conducen a la condenación. (Textos para reflexión: Romanos 13:13; Gálatas 5:21)

Por si se nos ha olvidado, usted y yo solo somos instrumentos de barro, levantados por la gracia y la misericordia de aquel que nos llamó. Somos una voz que debe ser firme denunciando aquellos que apedrean con sus palabras y sus acciones a quienes no tienen voz. No hemos sido llamados a condenar porque ninguno de nosotros está por encima de la misericordia de Aquel que nos limpió con su sangre, Jesucristo, nuestro Señor.

“Ni yo te condeno” (JN 8:11), dijo Jesús.

 

NO SOMOS JOSE ENRIQUE

Columna en el Periodico El Nuevo Día 11/ene/2013

http://www.elnuevodia.com/voz-nosomosjoseenrique-1424476.html

…no somos José Enrique, ni Julio Enrique, y tampoco somos su familia porque al final de la jornada diaria cuando vamos a la cama y miramos al lado, nuestros hijos siguen estando ahí, nuestro esposo sigue estando ahí; no está su lecho vacío. No somos José Enrique porque tenemos la elección de participar de ese dolor y sufrimiento como una reacción de empatía y solidaridad colectiva, pero no somos aquel o aquella a quien no se le dio la oportunidad de escoger. Decir “Yo soy José Enrique” es como dar el pésame diciendo “yo sé como te sientes”. Esto puede ser consolador pero también puede ser insultante. NO, no se como se siente, no soy José Enrique ni soy su mamá, su papá o su esposa.

No somos José Enrique porque la empatía y la solidad no es convertirse en el otro o la otra (cosa que no es posible), sino ponerse en su lugar y actuar en contra del mal que ha ocasionado este dolor. Empatía es buscar dentro de tu corazón y tus experiencias hasta encontrar las más cercanas a lo que pueda estar sintiendo la otra persona, para entonces poder acercarnos y decir: no se lo que sientes pero comparto tu tristeza, mi corazón se duele contigo y la impotencia que siento al pensar que no puedo hacer nada es una motivación para acercarme a ti y tratar de emprender un proyecto de vida que pueda ayudar a cambiar las cosas para bien”.

Lo que SÍ somos es un pueblo consternado y dolido, decidido a cambiar las cosas; un pueblo capaz de reconocer que necesita de una Fuerza Superior que nos ayude a desenterrar la imagen de Bien, de Justicia y de Amor que agoniza en nuestro interior, para poder superar el pecado de la indiferencia. Somos también un pueblo capaz de sufrir con el otro y la otra y de unirse en esperanza.

ESO SÍ SOMOS…

 


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Su sangre no discrimina

Nodiscrimina

La iglesia no está para favorecer a unos y otros no, sino más bien para orientar sobre los valores de justicia, igualdad, dignidad, amor y paz que nos demanda el evangelio de Jesucristo en respeto a la diversidad. Jesús respetó la ideosincracia de la mujer samaritana, de la sirofenicia y del centurión romano y no condicionó sus milagros a su cambio de partido o de nacionalidad. De esa misma manera los ministros del Señor estamos para servir y orientar con el mismo respeto y la deferencia que Jesús lo hizo.

El rostro de Dios se construye en la diversidad porque en cada uno y cada una de nosotras se encuentra la imagen de Dios. Creo que el mandamiento de amar a nuestro prójimo nos obliga a respetar la capacidad de decisión de cada ser humano, confiando que el Espíritu Santo nos guie a respaldar las obras de bien y de justicia que trascienden a los temas relacionados a la sexualidad y abarcan los aspectos más importante de la vida humana como lo son la salud y la enfermedad, el despilfarro de dinero en detrimento de los menos afortunados, el crimen y el discrimen, el abuso de poder y la violencia.

La decisión del cristiano y cristiana a la hora de votar no debe ser coartada por grupos ni personas quienes en nombre de Dios pretendan impulsar sus propias agendas. El hombre y la mujer de fe debe mirar al evangelio y con la inspiración del Espíritu de Dios salir a votar en la paz de que su elección es cónsona con aquellas principios que Jesús promulgó. Pero también debe sentir la paz y la seguridad que sea cual sea su decisión, todos y todas permanecemos unidos en el mismo cuerpo de Cristo sin hacer distinciones, en busca de la justicia y del amor.

¡Así nos ayude Dios!