LA FE Y LA SALUD DIALOGAN : Espiritualidad Encarnada

Por: Ivelisse Valentín Vera –

La espiritualidad desde una visión contemporánea es parte inherente de nuestra salud integral. Desde un acercamiento médico, psicológico, sociológico y pastoral, la espiritualidad del siglo XXI “no se limita a la preocupación por la vida interior, sino que busca una integración de todos los aspectos de la vida y la experiencia humana”.[1]Algunos especialistas en la práctica del cuidado espiritual en el entorno clínico de consejería y cuidado pastoral clínico nos ayudan a distinguir la diferencia entre religión y espiritualidad para entender mejor la naturaleza de los conflictos espirituales del ser humano:

“ESPIRITUALIDAD puede definirse como una parte compleja y multidimensional de la experiencia humana que incluye nuestro sistema interno de creencias y ayuda al          individuo a buscar el significado y el propósito de la vida, los ayuda a experimentar la esperanza, el amor, la paz interior, consuelo y apoyo.[2]

“RELIGION se refiere al sistema de creencias al cual un individuo se adhiere. La manifestación exterior de ese sistema de creencias incluye diferentes rituales y prácticas inherentes a cada fe.[3]

Desde la psicología, decía Carl Jung de la religión y la espiritualidad:

“No ha habido (un solo paciente) cuyo problema más profundo no tuviera que ver con su actitud religiosa… y ninguno se ha curado realmente sin recobrar la actitud religiosa que le era propia… y no depende en absoluto de adhesión alguna a credo determinado, ni de la pertinencia a tal o cual iglesia. Sino de la necesidad de integrar la propia dimensión espiritual”. [4]

Utilizo esta cita de Jung como punta de lanza para contarles la historia de una mujer que conocí hace varios años quien me dio una gran lección de Espiritualidad.  Continue reading “LA FE Y LA SALUD DIALOGAN : Espiritualidad Encarnada”

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CUANDO DIOS ES TODO LO QUE TENGO

"Dios es todo lo que tengo"

Cuando perdí un ser querido
Cuando me diagnosticaron una enfermedad terminal
Cuando mis hijos, esposo, esposa o compañero me han abandonado
Cuando perdí mi trabajo y mi casa
Cuando la depresión y la ansiedad dominan mi pensamiento
Cuando el dolor físico es mayor de lo que puedo soportar
Cuando parece que no vale la pena continuar viviendo 

Cuando todas las teologías o doctrinas
de siglos de historia religiosa no pueden dar consuelo o solución a las grandes
interrogantes de la vida es cuando Dios se convierte en todo lo que tengo.
Hacer teología o filosofar lejos del dolor humano puede convertirse en un
ejercicio que continúe alimentando prejuicios, discrimen y marginación. Salir a
encontrarnos con el sufrimiento humano como hizo Jesús nos permitirá descubrir
qué es lo que da sentido a la vida y nos motiva en medio de las más terribles circunstancias
para continuar luchando. Por eso, cuando escucho a alguien decir "Dios es
todo lo que tengo" aun en medio de panoramas nefastos donde parecería no
haber esperanza, reconozco que estoy ante alguien que ha conocido a Dios.

Grandes multitudes seguían a Jesús
buscando milagros para los males que no tenían solución; sin embargo, Jesús no
solo obraba milagros sino que se sentaba a enseñarles lleno de compasión. Las
multitudes de fanáticos se convertían en ovejas por quienes El sería capaz de
dar su vida. La popularidad de Jesús amenazó su ministerio al
punto que en ocasiones se escondía para poder descansar sin ser visto, pero en
la medida que miraba la necesidad de la multitud, una gran compasión le permitía
mantenerse enfocado en su misión.

La compasión de Dios se encuentra a
través de Jesús con nuestra necesidad para derrumbar la tradición religiosa que
en tantas ocasiones ha marginado, matado y destruido. En medio de nuestras más
grandes angustias es cuando nos tornamos a decir: Dios es todo lo que tengo. En
medio de nuestro mayor sufrimiento ninguna palabra humana que no esté acompañada de compasión podrá dar sentido ni
esperanza al ser humano porque solo el lenguaje del Amor puede hablar al
corazón para dar esperanza.

"Y salió Jesús y vio una gran
multitud, y tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas que no tenían
pastor; y comenzó a enseñarles muchas cosas."
 (Marcos 6:34)

Enlaces recomendados:
Iglesia Siglo 21
Lupa Protestante
Vicios, Virtudes y Valores

 

SI PARA SER CRISTIANA TENGO QUE VIVIR CONDENANDO A LOS DEMAS, ENTONCES PREFIERO NO SERLO

“Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga”. (1Cor 10:12)

Es muy triste escuchar discusiones y contiendas sobre quien será condenado y quien se salvará, sobre qué cosas nos llevarán al cielo o al infierno. Más triste aún es escuchar a quienes se convierten en administradores de la palabra de Dios con el subterfugio de que se preocupan porque las almas no se pierdan, sin embargo distan mucho de demostrar el amor, la misericordia y la justicia que fueron la base sobre la cual Jesús edificó su ministerio. Es más triste aún escuchar cómo se escogen textos bíblicos selectivamente de bando y bando para justificar agendas personales.

Les invito a reflexionar sobre un texto del evangelio de Juan que nos encanta predicar: ”Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eternal” (Jn 3:16); pero por alguna razón el verso que le sigue parece que se ha borrado de nuestras biblias: ”Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él” (Jn 3:17). También les invito a evaluar cada texto bíblico a la luz de las palabras de Jesús.
Si hoy hemos podido pasar por el filtro de Sus palabras los textos del antiguo testamento y de las epístolas del nuevo, en los que prohíben a la mujer hablar en la congregación –porque Jesús mostró lo contrario al realizar el milagro de la bodas de Canaa por petición de María (Jn 2:1-12), y al enviar las mujeres a contar de su resurrección (Mc 16:1-11); si hoy podemos aplicar el filtro de las palabras de Jesús a la ley de apedrear hasta la muerte aquellos que cometen adulterio -porque Jesús señaló primero los pecados de los condenadores y no condenó a la acusada (Jn 8:1-11)-, por qué no se aplica el mismo filtro a otros casos de marginación, condenación e injusticias que imperan en pleno siglo XXI.

Me indigna la selectividad con la que se proclama lo que es bueno y lo que es malo. Me indigna que algunos piensen que son capaces de determinar quien ha de salvarse y quien ha de condenarse. Me indigna que no seamos capaces de ver la viga de nuestro ojo y sí la paja del ojo del otro y la otra, pero más me indigna que otorguemos valores a los pecados para poder defender los nuestros como faltas menores y los de los demás como pecados mayores que conducen a la condenación. (Textos para reflexión: Romanos 13:13; Gálatas 5:21)

Por si se nos ha olvidado, usted y yo solo somos instrumentos de barro, levantados por la gracia y la misericordia de aquel que nos llamó. Somos una voz que debe ser firme denunciando aquellos que apedrean con sus palabras y sus acciones a quienes no tienen voz. No hemos sido llamados a condenar porque ninguno de nosotros está por encima de la misericordia de Aquel que nos limpió con su sangre, Jesucristo, nuestro Señor.

“Ni yo te condeno” (JN 8:11), dijo Jesús.

 

ADVIENTO: ANTE EL CRIMEN Y LA INDIGNACIÓN

            Las lecturas bíblicas de estas dos
semanas de adviento nos hablan de esperanza, de preparación y de conversión,
sin embargo el crimen y el discrimen que ha hecho estragos en estos días parecería
contrastar dramáticamente con este mensaje. El crimen y el discrimen ha
provocado marejadas de palabras que en muchas ocasiones nacen del coraje y el
sentido de impotencia. En medio de tanta palabra, tan poca acción y tanto dolor podríamos pensar que no hay esperanza y que adviento se ha convertido más bien
en una época de desasosiego, de utopías y simbolismos bíblicos que no tienen
pertinencia para el momento presente. Por esa misma razón la noticia de
adviento llega cuando más la necesitamos. Es momento de creer que Dios cumple
sus promesas como lo ha hecho antes, que en medio de la angustia y el dolor individual
y colectivo, Dios hará justicia, nos salvará y hará que vivamos en paz.

            De esa forma podemos ver esta época navideña que
conocemos como Adviento, como una época de esperanza que nos hace mirar hacia
el futuro, a proyectarnos hacia un nuevo año en compañía del
Señor de la historia, quien siempre se ha manifestado en favor de los
desventajados y no cesa de hacerlo. La llegada del mesías significó la caída de
los muros de separación entre el mundo creyente y el mundo gentil, representó
la libertad para los oprimidos y menospreciados en aquella sociedad de la época:
ancianos, mujeres, niños, enfermos, presos, marginados, paralíticos y
desvalidos. Eso mismo debe significar para ti hoy la llegada de la navidad.
Navidad que simboliza la esperanza por recordarnos que Dios llegó a nuestra
vida como un niño, de la misma manera que tu y que yo, para enfrentarse a la
realidad humana y desde su humanidad impartir dignidad y esperanza a una
humanidad llena de luchas, de sufrimientos, de tristeza, muerte y enfermedad.

            En medio de la indignación los textos de adviento también
nos llaman a retornar al desierto con Juan el bautista para que el ruido de las
fiestas no ahoguen el mensaje. Que en el silencio de nuestra reflexión podamos
devolvernos a Dios en un acto de conversión y poder aceptar el llamado del
amor. Hoy nos consume la indignación ante el crimen y nos desbordamos en
palabras, sin embargo adviento anticipa obras, llamándonos a transformar
nuestras palabras en obras. En Jesús, Dios transformó sus palabras y promesas en
obra. Así mismo el texto nos hace un llamado a transformar la evangelización en
una palabra de consuelo no de miedo, en una palabra de amor y no de condenación.

            Si el motor de nuestra vida es la esperanza entonces las
manifestaciones de amor convierten la esperanza en actos concretos. El amor
cambia la esperanza en realidad. El amor de Dios al vaciarse de su divinidad
para aceptar nuestra humanidad con sus limitaciones convirtió la esperanza en
realidad. EL amor que depositó en ese acto de entrega cambió nuestra esperanza
en una realidad accesible. Hoy podemos declarar que hemos sido alcanzados por
Dios y se ha abierto un camino para llegar a El, acompañados por El. En esta época
de navidad debemos proponernos convertir la esperanza de los que están a
nuestro alrededor en gestos concretos. Permitir que nuestras obras de amor conviertan
la esperanza de los demás en realidad. Un abrazo, una llamada, una palabra de amor,
una expresión de arrepentimiento o de perdón hacia un familiar, un amigo,
pareja, hijo o hija, padre o madre, pueden cambiar su esperanza en realidad.

            Si nuestras palabras no se convierten en gestos concretos
de amor y de bondad, de justicia e igualdad, no podemos hablar de un futuro
mejor. Si nuestras palabras y nuestros gestos separan, condenan y oprimen
aunque pretendan lograr el arrepentimiento de los demás de su pecado, no son
obras de amor ni de justicia. Si queremos que Jesús nazca en nuestros
corazones, este debe ser un tiempo en que el amor se convierta en una nueva de
evangelización, en una evangelización con obras y actitudes de perdón, de
misericordia, de ayuda y no de mucha palabra y pocos gestos concretos. Si
queremos que nazca la esperanza debe cambiar nuestros corazones.

            Adviento nos hace un llamado a la conversión de nuestro
corazón, nos hace un llamado evangelizar con gestos concretos que conviertan la
esperanza en realidad, que convierta lo que se encuentra en la dimensión de los
sueños y de los anhelos más profundos de nuestra vida en realidades que llegan a través del amor de Dios manifestado en el amor que nos tenemos y nos
demostramos los unos a otros. Adviento nos llama a sembrar obras de amor para
que podamos también recibir los frutos del amor y la bondad que otros siembran
a nuestro lado.

            Este adviento es un llamado a evangelizar con obras de
amor pero también es una época que nos llama a la conversión y transformación
de la dimensión individual de la fe a una de actitudes y obras concretas que
restauren nuestras relaciones con el otro y la otra y se expresen en el
compromiso con el prójimo. Dios siempre ha dado el primer paso y siempre ha
intervenido en la historia con acciones concretas, levantó a un libertador para
sacar a un pueblo de la esclavitud y envió a Jesús para restaurar la dignidad
del ser humano de manera que este pudiera reincorporarse a la sociedad con
honor. Hoy la indignación que provoca en nosotros el crimen y el discrimen
deben ser motores para la conversión de nuestras palabras en gestos concretos,
para hablar menos y actuar más, para identificar espacios de servicio entre
nuestras familias, la iglesia y la comunidad en los que podamos cambiar el
discurso de juicio y condenación por uno de amor a través del servicio y la
acción. Hoy adviento nos enfrenta y nos confronta, y nos reta a salir al
desierto para alejarnos del bullicio de la fiesta y reflexionar. Hoy adviento
nos llama a reaccionar a nuestra indignación con obras de amor que transformen
vidas en lugar de condenarlas.
Hoy adviento nos llama a preparar el corazón
para el encuentro con Jesús en el otro y la otra, con sus defectos y virtudes,
con sus maldades y bondades, para así poder servir como El sirvió y ser agentes
de cambio como El lo fue.

 

LLAMADOS A CELEBRAR

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(Una reflexión sobre la celebración en el ministerio de Jesús, para el programa radial "Palabras de Vida Eterna", sábado 10 de noviembre de 2012)

            En poco días celebraremos acción de
gracias y damos comienzo a la época navideña, que es una de fiesta, gozó y
celebración. Sin embargo la tradición cristiana en muchas ocasiones ha
enfatizado más la importancia de los sufrimientos del cristiano que en los
motivos para celebrar. La tradición religiosa nos ha enseñado que el cristiano
debe sufrir en esta tierra con la esperanza de una vida futura donde no habrá
más llanto ni dolor, porque ciertamente las alegrías en la vida son pasajeras,
pero también los sufrimientos. Si bien es cierto que eso es una promesa bíblica
para los que esperan en el Señor, también es cierto que en el evangelio de Juan
capítulo 10:10, Jesús nos dijo que “vino para que tengamos vida y la tengamos
en abundancia”. Abundancia tiene una connotación positiva, de bienestar, de un
estado en el cual no solo se vive en plenitud sino, que todo lo bueno
sobreabunda. Quiere decir que la voluntad de Dios para nosotros, la voluntad de
Dios para tu vida hoy es de gozo, de bienestar, de celebración, es de vida
plena, de vida abundante. La voluntad de bien que tiene Dios para tu vida no
comienza en la vida eterna, comienza aquí y ahora. Jesús dijo “he venido para que tengan vida en
abundancia, NO dijo “me voy para que
tengan vida en abundancia”. Es aquí
donde el quiere que comencemos a disfrutar, a celebrar el gozo de la salvación
.
Es aquí donde Dios quiere que a través de la encarnación de su hijo Jesús
nuestra humanidad, pecadora, limitada y triste se reconcilie con la plenitud,
la abundancia, el perdón y la alegría que solo pueden provenir de una vida en
amistad con Dios; y eso se comienza aquí.

            Pablo en Romanos 15:13: “Y el Dios
de esperanza os llene de todo gozo y
paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu
Santo”. Pablo nos deja con una bendición que es una petición de gozo para
nuestra vida actual, y ese gozo nos llevará a la paz y a la esperanza, pero no
es al revés, no es que tengamos esperanza y la esperanza nos lleve al gozo, es
que encontremos el gozo que nos de paz y pueda abundar entonces en nosotros la
esperanza.

            A veces nuestras tradiciones
religiosas nos han enseñado a enfrentar los problemas como pruebas necesarias
para poder ganar la vida eterna, y olvidamos que el regalo de la salvación no
está sujeto a obras o padecimientos, es un don de Dios, es gracia divina, es un
regalo del amor infinito de Dios. Usted no tiene que realizar obras ni
sacrificios para ganar el perdón de Dios, el perdón de Dios es un don gratuito,
derramado en la sangre de Jesús, usted solo lo acepta, reconociendo la
necesidad de Dios en su vida, la necesidad de transformación, de cambio, de
arrepentimiento y se abraza a ese amor y a ese deseo de bienestar y de vida
abundante que expresó Jesús en Juan 10:10. Privarnos de la celebración de la vida
atenta contra la voluntad de bien expresada por Dios para nosotros y nosotras.
 

            En un recorrido rápido por los
textos del evangelio podemos ver cómo Dios ha querido que a través de Jesús celebremos
la vida. La primera manifestación conocida de Jesús fue en una celebración, precisamente cuando se puso en riesgo la felicidad
de aquel momento. Ahí Jesús intervino al punto de adelantar su momento de
revelación, para hacer un milagro que restaurara la alegría de la fiesta. Jesús
no le contestó al novio en las bodas de Canaá que debía sufrir el vituperio y
las críticas de la gente cuando se le acabo el vino, y tampoco le dijo que
tenia que acabar súbitamente la fiesta. Por el contrario, Jesús preparó el
mejor vino y todos en la fiesta se maravillaron y celebraron ahora con la
abundancia que Jesús había traído.

            Fíjese que tanto la historia de las
bodas de Canaá, como los deseos de vida abundante para nosotros son palabras y
obras de Jesús en el evangelio de Juan. Un evangelio que nos demostró con
hechos la voluntad de gozo, de abundancia y de celebración que Dios tiene para
con todos nosotros. Ese mismo evangelio nos dice que en el principio era el
verbo, y que el verbo que era Dios se hizo carne y habitó entre nosotros, así
Dios se funde con lo humano, ciertamente Dios habita en nuestras tristezas pero
también en nuestras alegrías. Dios se funde y se confunde con la experiencia
humana del gozo y de la alegría y nos acompaña en el dolor, así Dios se ha
fundido con nosotros en cada lágrima pero también en cada sonrisa. Dios nos
acompaña en nuestro vía crucis, en cada situación de dolor para que cuando
salgamos de ella podamos celebrar la resurrección a un nuevo momento de vida en
Cristo Jesús.

            El Señor nos llama a ser feliz, nos
llama a soltar las ligaduras que nos atan al llanto, al duelo, al luto y a la
muerte del corazón y del alma, y a resucitar como Lázaro a una vida nueva. Con
la llegada del Maestro a la vida de Marta y María cuando murió su hermano
Lázaro, llegó la alegría, llegó la celebración. Seguramente después que Lázaro
resucitó se cambió el llanto en gozo. De esa misma manera Jesús se acerca a nuestra
vida para tornar el llanto en gozo; para sacarnos de la tumba y devolvernos a
la vida.

            Las palabras de Jesús en el evangelio
de Mateo 11:19 dicen que los demás decían de si mismo: “Vino el Hijo del
Hombre, que come y bebe, y dicen: He aquí un hombre comilón, y bebedor de vino,
amigo de publicanos y de pecadores.” Con esa declaración Jesús no negó que celebraba
mientras comía y bebía en amistad con publicanos y pecadores. Jesús no negó que
se fundió con todos los aspectos de nuestra humanidad, comió con nosotros,
bebió con nosotros, caminó entre nosotros, con los justos, pero sobre todo con
los pecadores. Jesús celebró la vida del ser humano para poder también celebrar la
muerte y dejarnos con la esperanza de la resurrección.

            Les invito a mirar la vida bajo el
lente de la celebración, bajo el lente de los deseos de abundancia que Dios
tiene para con nosotros como dice el libro de Jeremías: pensamientos de bien y
no de mal. Que podamos mirar nuestra vida y reconocer que Dios no quiere que se
acabe el vino en nuestra fiesta. Que Dios no quiere que el llanto se cierna
sobre nuestras cabezas. Que Dios nos visita para traer abundancia y una vida
nueva como lo hizo para Marta y María con la resurrección de Lázaro.

            Ciertamente la resurrección que
tiene para nosotros hoy en no es la de la muerte física a la vida, pero si la
de la muerte espiritual y emocional hacia una vida de gozo y esperanza. Jesús
nos llama a que salgamos de la tumba, de las paredes del sufrimiento, del
sentido de culpa, del arrepentimiento, del luto, de la desesperación, y nos dice
“ven fuera”, nos invita a probar del mejor vino, y nos dice como le dijo a
Zaqueo (Lc 19:5-6), “desciende, sal de ahí, baja, porque hoy es necesario que
pose yo en tu casa”. Jesús espera que respondamos como Zaqueo, que desciendas “aprisa",
y le recibas “con gozo" (como dice la escritura).

            Recibamos al Señor con gozo, como
Zaqueo, y transformemos nuestra angustia en celebración como Marta y María,
como Lázaro; y como el novio y la novia de la fiesta. Demos la oportunidad al
Señor convertir el agua en vino, de convertir las lágrimas de dolor en una
sonrisa de gozo y esperanza. Preparémonos para comenzar una época de
celebración, no solo celebrando en gratitud al Señor por todo lo que nos ha
dado aun a pesar de los momentos de dificultad, sino mirando hacia esta navidad
con la esperanza de una época de reconciliación y de alegría.

            Celebrar, reír, disfrutar de la vida
es encontrarnos con Dios, quien se ha humanizado a través de la encarnación de
Jesús. Celebrar es encontrarse con Dios, quien quiso hacerse humano para
compartir contigo todo de ti, tus tristezas pero también tus alegrías. ¡Dale la oportunidad a Dios de transformar tu vida en medio de la celbración!

 

¿Evangelio o Política?

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            Hace unos años visité junto a Silverio Pérez el programa
de radio de Luis Pabón Roca un Domingo de Ramos. El propósito de esa visita era promocionar
nuestros libros “Espiritualidad a través del Desierto” y “Buenas Palabras”. No
puedo recordar cómo llegamos a la pregunta de si Jesús era una figura política
o no, pero está demás decir que en un programa de Pabón Roca, todo gira
alrededor de la política. Mi respuesta no se hizo esperar: “no se, y pienso que
sería muy pretensioso de mi parte responder categóricamente, ya sea afirmativa
o negativamente”. Sin embargo, lo que esa pregunta generó fue una reflexión
sobre los hechos de Jesús durante su última semana. Ese domingo recordábamos los hechos de hacía dos mil años en Jerusalén, cuando daba comienzo
la Pascua judía. En ese entonces entraron a Jerusalén dos caravanas, la del
procurador Romano Poncio Pilato, probablemente por la puerta cercana a la Torre
Antonia, y la de Jesús por la puerta cercana al Templo. A uno se le celebraba
diciendo: “¡Hosana! Bendito el que viene en el nombre del Señor” y al otro
probablemente ¡Hail Cesar!. La procesión de Jesús proclamaba el Reino
de Dios y su justicia y la de Pilato el reino imperial y sus poderes de
opresión política, económica y religiosa.

            Durante sus años de vida pública Jesús desafió las leyes
que oprimían al pobre porque entre la ley y la religión no había distinción. Nunca
se le preguntó cual era su política pública sobre el aborto, sobre el
matrimonio entre personas del mismo sexo o sobre la pena de muerte, pero sus
respuestas a lo que eran las preocupaciones de aquel siglo siempre radicaban en
remover los estigmas sociales de opresión entre los seres humanos y restaurarlos
a la vida en comunidad con dignidad e igualdad de condiciones. Siempre se
acercó a los marginados, los que no tenían voz, las acusadas de prostitución y
adulterio, aquellos y aquellas víctimas de difamación, de injusticia e
incomprensión quienes eran condenados como pecadores y empujados a los márgenes
de la sociedad.

            Jesús nunca se postuló para gobernador o para senador, pero
sí desafió a los políticos y a los líderes religiosos que se asociaban para perpetuar el abuso y la discriminación. Jesús sí habló de un Reino y desafió a Pilato cuando ante su pregunta: “¿Eres tu el rey de los judíos?” contestó: “Tú lo dices” Jesús nunca organizó un partido político pero encabezó
una marcha contra los poderes imperiales. Entró en un burrito, sin dinero ni
bienes materiales, pero rodeado de gente que buscaba una vida mejor, que a su
lado se sentían respetados, validados y tratados con justicia. Jesús impartía
esperanza pero a la misma vez la firmeza de sus posturas intimidaban a los
políticos y a los líderes religiosos aliados a los sistemas de opresión.

            Si Jesús fue un político no lo se, pero lo que sí se es
que gracias a sus obras podemos celebrar que en muchos países como Puerto Rico
no se castiga apedreando hasta la muerte, podemos celebrar que los pobres
pueden tener voz y participación en las esferas de gobierno, que las mujeres
podemos aspirar a un lugar de igualdad en la iglesia y en la sociedad como lo
obtuvieron sus compañeras de ministerio y compañeras hasta la muerte. Aun no puedo
decir si fue un político, pero sí puedo decir que fue un libertador.

            ¿Y tú, a que caravana quieres unirte?